Fake News un arma de dispersión más fuerte que los gases lacrimógenos

Fake News un arma de dispersión más fuerte que los gases lacrimógenos
La ola de fake news, o noticias falsas que distorsionan la realidad para favorecer a unos u otros, crece tan rápido cómo el odio y la rabia que en muchas mazmorras y trincheras enerva el conflicto.

Por : Vanessa Vega

Ya son más de 30 días del paro nacional en Colombia, en  gran parte del país reportan víctimas mortales, decenas de heridos y enfrentamientos entre uniformados, civiles y hasta el hampa.  El paro del 28 de marzo, fue uno de los acontecimientos más importantes en el país en protesta social, luego del 21 de noviembre del 2019, en el que una serie de manifestaciones presentadas de forma  sistemática dieron origen a uno de los movimientos sociales más importantes de la historia moderna de Colombia.

Fake News un arma de dispersión más fuerte que los gases lacrimógenos

En esa época, menos de una decena de muertos y alrededor de 250 personas heridas, se reportaron, durante estas salidas de protesta en contra de  las políticas económicas, sociales y ambientales del gobierno de Iván Duque,  el manejo dado a los acuerdos de paz , el homicidio de líderes sociales (campesinos, indígenas y reinsertados ), además de los casos de corrupción de su gobierno.

Ahora las cifras se han incrementado de forma alarmante la ciudadanía participa e interactúa en las protestas, el pueblo está más activo y las autoridades tienen más protagonismo, ambos bandos detonan un arma cuyo detonador no se oye pero se esparce como gas pimienta más fuerte que cualquier gas lacrimógeno,  esa arma es desenfundada por todas partes, es la dinamita del rumor y la falsedad, es el poder manipulador y lancinante de la mentira.

La información, cuya definición etimológica se basa en la acción y efecto de «dar una noticia», se ha convertido en un arma de doble filo, que genera aún más discordias y juega un papel determinante en el ir y venir del caldeado escenario político y social del  momento.

La ola de fake news, o noticias falsas que distorsionan la realidad para favorecer a unos u otros,  crece  tan rápido cómo el  odio y la rabia que en muchas mazmorras  y trincheras enerva el conflicto.

Los mass media, ahora son los mismos ciudadanos que corren con el su dispositivos móviles  encendidos como una extensión de sí mismos, capturando cada segundo y compartiéndolo en tiempo real, muchas veces, de forma irresponsable, a través de redes sociales, sin percatarse de las consecuencias que ello puede traer.

Ante las dudas frente a la información brindada a través de los medios tradicionales y su caída vertiginosa de credibilidad las noticias falsas, sin una figura real de legitimación se convierten en el centro informativo de los usuarios, que difunden masivamente convirtiendo el caos, en una hecatombe social, que divide a la población en tres partes: quienes están a favor, en contra o quienes tienen miedo y no saben que hacer.

La verificación de las fuentes, escuchar ambas versiones de la historia, o contrastación de información, no existen para los prosumidores, incluso para muchos periodistas que desde la comodidad de sus casas, «realizan la labor periodística»  buscando reinterpretar la realidad.

Difundiendo vídeos sin adentrarse en el contexto y escandalizando aún más a la opinión pública, con sus títulos «responsables» provenientes de «fuentes confiables» y su «contenido auténtico».

Aunque las fake news no son un mal nuevo, si se han convertido en la nueva pandemia del siglo XXI, que se usa para fines políticos y comerciales, pero ¿Qué hacer ante el bombardeo de información mentirosa?

Los usuarios tienen libre albedrío para elegir en quién creer, pero también la responsabilidad de difundir de forma responsable. Revisar las fuentes, antigüedad de los portales, origen de las fotografías, verificación de la URL, número de seguidores de los portales, además de romper las populares cadenas de WhatsApp u otras redes sociales, de dudosa procedencia en la que la fuente, normalmente es un vecino, amigo del amigo,  presuntos funcionarios o víctimas sin nombre.

Si bien las redes sociales han servido como complemento informativo ante la notoria manipulación de los medios de comunicación tradicionales, es  deber del usuario, evitar convertirse en idiota útil, cuyo fin es difundir información falsa, para favorecer o deslegitimar.

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