En el lugar de los hechos: relato de cruzar una frontera “cerrada” en tiempos de pandemia

El lunes pasado ocurrió un hecho lamentable en la frontera colombo-ecuatoriana, una ciudadana venezolana en situación de migrante se ahogó en el río (vea noticia aquí) que se encuentra en la frontera de los dos países cuando esta intentaba cruzar con mercadería para el lado colombiano. Esta practica es muy común en estos tiempos donde la frontera se encuentra “cerrada”, con el equipo de movimiento naranja internacional y la ayuda de un colaborador anónimo fuimos al lugar de los hechos para evidenciar una realidad quizás no muy conocida.

Llegamos muy temprano a la ciudad de Tulcán vecina con Ipiales entre la línea fronteriza que separa nuestro país con el vecino y hermano Ecuador, un informante anónimo nos llevó al sector de las Tejerías donde se estacionan automóviles de gente que cruza y regresa, taxistas esperando por una carrera, camiones, personas con maletas buscando ir o volver a Colombia y los llamados “cargueros” o “pasadores” quienes con actitud indiferente a la emergencia sanitaria buscan ganar un sustento o hacen parte de una red de pasadores que se benefician de la situación del cierre de frontera.

Al llegar a la puerta un señor cobra por entrar en la trocha 1000 pesos colombianos o cincuenta centavos de dólar, en esta parte comienza una bajada hacia el río, donde la gente va y viene indiferente de los demás, pudimos constatar que llevan la carga en bultos al hombro o en morrales, es común encontrarse con gente colombiana que decide regresar a su país sea por la imposibilidad de conseguir el dinero para el pasaje del vuelo humanitario, la larga espera o quizás la falta de confianza en las autoridades. También es común ver ciudadanos venezolanos con sus maletas en camino a la larga travesía a su país.

En la parte de abajo otro señor cobra igualmente 1000 pesos por persona para el acceso hasta llegar al río, aquí podemos ver fotos de la corriente del río y lo dificultoso que se hace pasar al otro lado.

Al llegar al río nos aventuramos en el agua caminando con cuidado de no resbalarnos y soportar la crecida corriente hasta llegar al otro lado, después se debe avanzar hasta una propiedad donde un señor niega la entrada pero después de insistir permite entrar “por esta vez vecino, no anden llevando pendejadas que el otro día los militares casi me arma un problema” nos responde y llegamos al sector Carlosama donde unos locales nos cobran un peaje igualmente de 1000 pesos, salimos a un estacionamiento improvisado donde se parquean motos y taxis que hacen la carrera hasta la vía donde hay gente comerciando artículos para los que llegan y se van.

Encotramos busetas del municipio de Ipiales que nos cobran 1300 pesos por persona y nos acercan al terminal donde salen buses con destinos a Cali, Bogotá, Medellín, Cúcuta, etc. Nos toman la temperatura para ingresar y en este punto nos piden no tomar fotos y debemos guardar la cámara, el costo del pasaje se ha duplicado; por poner un ejemplo el pasaje Ipiales a Cali está en 80.000 pesos (en tiempos normales se podía negociar hasta en 35.000 dependiendo la necesidad y la cara que se le pone a los taquilleros o a la voluntad del chofer nos dice una persona que ronda el terminal), se debe esperar horas o incluso días que el bus salga con la cantidad permitida de pasajeros y mucha gente pide la “monedita” para poder montarse en el bus y llegar a sus hogares. Otras personas optan por tomar camino o esperar quien los lleve ante la imposibilidad de pagar o porque viajan a destinos intermedios donde el bus no hará una parada.

Antes de las 2:00 pm nos encaminamos de regreso, debemos tomar la ruta de la Berbena para no incomodar a los dueños de la propiedad de la mañana, debemos cruzar un río más, al caminar divisamos del lado ecuatoriano unos militares que no estaban permitiendo acercarse a nadie para cruzar sea de ida o de venida y debemos regresar al punto de esta mañana, con ayuda de otras personas nos tomamos las manos para no ser arrastrados por la corriente del río, en el lado ecuatoriano una persona nos ofrece agua, mecato o cigarros, tiene allí su puesto de venta donde las personas descansan y se cambian de ropa. Llegados al punto de partida un «pasador» nos cuenta que el sale temprano llevando atún, arroz, maíz, entre otros víveres para el lado colombiano y busca volver cargado para «redondear» el día, nos cuenta que igualmente ha cruzado cilindros de gas aprovechando la gran diferencia de precio entre los dos países (un cilindro en Ecuador subsidiado cuesta $2,50 (dólares) a diferencia del precio internacional que se usa para la venta en Colombia). Por una paca de atún cobra 15,000 pesos el cruce, dice que puede cargar hasta 4 pacas con lo que se gana el “diario”, también cuenta que de vez en cuando le hacen encargos donde gana un poco más por la exclusividad y por el riesgo, nuestro informante es un colombiano que vive en Tulcán hace unos años y está aprovechando la situación para ganarse algo de dinero.

Muchas personas que viven del comercio internacional esperan con ansias que la frontera sea abierta lo más pronto posible, se estima en los meses de noviembre del presente año esto suceda, si no es más tiempo, hay voces a favor y en contra clamando por el restablecimiento de las actividades comerciales, la protección de la ciudadanía, el mejorar el comercio local y crear estrategias para prevenir la propagación del covid-19.

¿La frontera cerrada ha traído más beneficios que afectaciones en la contención de nuevos contagios? ¿Se está actuando de buena fe pero olvidándose de una situación que lleva más de 30 años operando entre nuestros hermanos países o quizás mafias locales están aprovechándose de la situación? Nuestra postura es neutral y no busca generar controversias con nuestras lectores, solo busca contar una verdad palpable y poco visible. 

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