«El restaurante donde almuerzan los Tombos»: la cruda verdad de la Policía Nacional

Era un domingo, iba con algunos compañeros preguntándonos sobre por qué la policía actúa de cierta forma en contra de los intereses de la gente. Curiosamente descubrimos un restaurante en el centro de Bogotá donde varios policías, van a almorzar pero lo hacen a escondidas, dejan las motos enfrente pero apenas sonaba la radio se levantaban aún sin terminar el almuerzo y corrían por si acaso era un llamado de urgencia o de atención.

Al ver que los policías se integraban a nuestra conversación nos permitimos preguntarles cuánto gana un agente de policía, nos dieron el valor y era muy bajo para alguien que tiene que cuidar los bienes de los ciudadanos, su integridad, los bienes públicos, a un Gobierno corrupto, confrontar la vida con delincuentes, tener tan poco tiempo para estar con su familia.

Un agente ya algo mayor, en la confianza de la conversación, nos confesó que peor que el sueldo era ver como sus jefes obtenían recursos para obtener beneficios de parte de la policía, cómo por ejemplo que la policía haga rondas seguidas, o hasta se pongan algunos agentes de forma constante en sus industrias o establecimientos.

Era difícil para ellos porque a ellos mismos los colocaban a recoger los paquetes que cada Navidad llegaban como premio o como bonos por las labores establecidas.

Tal fue el nivel de confianza en esta conversación, aquí en cierto momento nos decían que ellos mismos tenían que verse obligados a realizar acciones no tan santas, como el cobro de vacunas a establecimientos, a ollas de drogadicción, negociación con grupos delincuenciales, entre otras cosas para lograr llegar a un fin de mes que consideraban digno.

Nos contaban que la vida de un agente de policía era muy dura y cruel, por el entrenamiento, por las funciones, y por el maltrato que recibian de todos los jefes. Pero además, se sumaba a esto el problema de no poder nunca lograr ascensos si no se tenía la bendición y el apoyo de alguien arriba, ya sea de un jefe, un político, o el pertenecer a una de las familias de casta de este país.

El mayor de los agentes nos contaba que durante 25 años nunca pudo hacer un curso, sospechaba que por su condición racial y de clase. Nunca tuvo una bendición o un apoyo, nunca hubo una oportunidad para lograr tal ascenso.

Aprovechando la conversación que fluía de tal manera, les pregunté por qué la policía había actuado de forma tan violenta durante las protesta, ¿A qué se debía tanto odio contra jóvenes contra simples ciudadanos que a la final eran igual que ellos? La respuesta me dejó adolorido por la condición humana, pero debí ocultar mis emociones y continuar con las risas y con la jovialidad de la conversación: uno de ellos me contestó que hubo bonos si se cumplía con las tareas que se les exigían de disipar tal manifestación. Afirmó que tanto el Gobierno nacional como distrital se iban a un lado para prometer beneficios como celulares, vacaciones, pasajes a sitios turísticos, y hasta beneficios en plata blanca. Esto sumado a que identificaban a los protestantes como guerrilleros, enemigos, todo lo que a ellos les produce odio había facilitado que se actuara con tal violencia.

En ese momento uno de los compañeros decidió cambiar la conversación, la verdad me sentí tan mal que preferí que sucediera eso. Al final todos somos explotados y las condiciones de intimidad nos lleva siempre a sostener este status que no está hecho para nosotros, los que desde abajo sostenemos este sistema. Ojalá un algún día nos demos cuenta de la importancia que tenemos realmente.

Fuente: Anónimo.

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