La cárcel de los condenados

 

El gobierno ha anunciado el segundo caso de un preso muerto por COVID19, la mayoría en situaciones críticas de confinamiento, los presos son olvidados a su suerte.

Con la llegada del virus al país varias bombas de tiempo aceleraron su ciclo y explotaron, una de ellas el sistema penitenciario.

Como es sabido el sistema penitenciario del país presenta graves fallas entre las que se encuentran el hacinamiento de más del 54% en la mayor parte de las cárceles y la reincidencia de la comisión de delitos con lo que queda en evidencia la poca efectividad del “castigo”.

No deja de ser un hecho paradójico que el sistema nacional penitenciario y carcelario se contemple en el marco legal como establecimiento público adscrito al ministerio de justicia y derecho y que la salud mediante la ley 100 tercerice la prestación del servicio delegándola al ámbito privado.

Así nos llegó el virus, las cárceles repletas de presos de toda índole y el sistema de salud colapsado por la poca capacidad del mismo de actuar con responsabilidad ética que muchas veces va en contra vía de las facultades o beneficios económicos.

Y tuvimos que ver las cárceles del país amotinarse para exigir que se les garantizara la vida, ya que frente a la crisis el estado de aglomeración propio de las condiciones existentes resultaba un riesgo inminente para presos y personal de seguridad.

Pero antes de que entrara el virus, infectara y matara a los presos llego el estado, asesinando durante el amotinamiento a 23 reclusos y dejando heridos a más de 50, varios de ellos escaparon y sus familiares se vieron obligados a protestar frente a las cárceles para obtener noticias sobre los suyos.

Las medidas no se han tomado con rigurosidad y el gobierno flaquea frente a la difícil situación que al día de hoy ha cobrado dos muertos por el virus, las imágenes de presos moribundos en total estado de abandono y hacinamiento ya empiezan a recorrer los medios, pese a su negligencia, y la situación no parece mejorar.

La bomba de tiempo en que se convierte un sistema tan poco eficiente y descontrolado lentamente va haciendo explosión, algunos senadores sugerían condonar las penas a quienes tuvieran delitos menores para mitigar la crisis, sin embargo y aun que se adoptara esta medida no se lograría palear la crisis ya existente de un sistema que solo emite costos y no arroja realmente resultados en la sociedad.

Finalmente, una vez el virus ronde los pasillos de las cárceles abarrotados de gente en condiciones poco salubres y cobre cientos de vidas algunos hincados de rodillas entre rezos y bendiciones agradecerán a Dios, por la tan anhelada limpieza social, que no conoce segundas oportunidades.

Es momento ya, y una vez superada la crisis, de reformar el sistema penitenciario para que se enfoque en la rehabilitación social real, desde la perspectiva humana y capaz de más que una carga social ser una fuente de progreso.

Comentarios