Al contrario de Augusto Ocampo, Claudia López sí olvidó sus raíces

Por: Camilo Arteaga Durán (@EpicuroDeSamos_)

«El árbol que olvida sus raíces termina muriendo de sed»  —Proverbio Chino

El abogado Augusto Ocampo es la antítesis de ese viejo aforismo oriental. No ha olvidado sus raíces y eso le hace una de las figuras más robustas del Derecho y la justicia social en Colombia. Hace pocos días defendió exitosamente a un joven tuitero de la garras de la persecución judicial que había desatado el poderoso presidente Iván Duque, pues este se sintió aludido cuando el muchacho trino que «ojalá mataran a ese cerdo«, calificando el desafortunado tweet como una amenaza al primer mandatario.

El joven pertenece a las grandes masas poblacionales de Colombia: Los empobrecidos por el sistema.  Quizá Augusto vio en él algún rastro de esa rabia que alguna vez también sintió cuando, teniendo su edad y buscando el sustento en las calles vendiendo artesanías, era perseguido y golpeado por la autoridad policial de la época.

Tres décadas han pasado desde entonces y las cosas siguen igual para las mayorías: La lucha incansable y honesta por el pan diario, y la persecución de la autoridades contra aquellos a los que las duras, frías y peligrosas calles les brindan la oportunidad de sobrevivir en un país con los más altos índices de desempleo del mundo. Ayer lo vimos de nuevo: La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, se enganchó en una pelea desigual con un joven vendedor de comidas rápidas y contra su esposa. De forma humillante y embebida por el poder que enceguece a los déspotas, López le dijo a Alexander, el joven vendedor, que “se pusiera a trabajar”, como si no estuviera haciéndolo o como si la Policía, subordinada suya, no se lo hubiese impedido. Alexander le respondió y Claudia, vengativa, le envió a los agentes para que le decomisen su carro.  Desde luego, Alexander se indignó y volteó su única fuente de ingresos. El video se hizo viral en redes sociales. Los funcionarios más cercanos a Claudia recortaron la pieza audiovisual, haciendo ver al vendedor como el causante del altercado. Sin embargo, muchos subieron el registro completo y terminaron desnudando el actuar de la alcaldesa, su manipulación y su reprochable actitud dictatorial.  Claudia, hija de una maestra escolar, sin duda, olvida sus raíces y corre el riesgo de secar sus aspiraciones presidenciales. Así son muchos de los que llegan al poder gracias a los votos de los mismos a quienes prometieron defender.

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Video sin recortar:

Alexander explica el altercado, su situación y protesta contra la falta de empleo y educación en Colombia:

Claudia quiso, incluso, negar su nombre en los tarjetones. ¿Le recuerda quizá sus orígenes populares?

La actual alcaldesa también ha desalojado a cientos de familias pobres, en su mayoría con madres cabeza de familia. Ha enviado el ESMAD contra mujeres que protestan contra el machismo, paradójicamente, luego de haber llegado al poder ondeando las banderas del feminismo.



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Como ese caso son miles los que suceden a lo largo y ancho del país. Por eso, el abogado Augusto Ocampo, quien vivió en carne propia estos atropellos, puso su consultorio jurídico al servicio de los vapuleados por el Estado y por sus fieles intendentes como la señora López.  Todos los días se ensañan contra los pobres, pero, igualmente, todos los días Ocampo y su equipo jurídico atienden sus denuncias, sobra decirlo, sin otra remuneración más que la de hacer justicia.

Un breve recorrido por su vida:

Augusto Ocampo se crio en el Barrio Suba Rincón, uno de los más pobres de la capital colombiana. Su madre hizo también el papel de padre, pues este no vivió con ellos, solo hacia fugaces apariciones. Cuando Augusto terminó el bachillerato, empezó a trabajar como ayudante de mecánica en los talleres del barrio Rionegro (noroccidente de Bogotá). Manejaba las herramientas, cambiaba aceites y hacía los mandados que su patrón le pedía.  En alguna de esas esporádicas apariciones, su padre le dijo que iba a ayudarle a conseguir empleo en un restaurante llamado El Zaguán de las Aguas, ubicado en la avenida 19 entre carreras 5a y 7a.  Allí empezó lavando platos y exprimiendo bultos de limones.  Su dedicación y buen desempeño hicieron que poco a poco ascendiera hasta llegar a ser el  administrador del negocio, a sus 22 años.

Pero Augusto soñaba con mejorar su calidad de vida y la de su familia; quiso estudiar y progresar con una profesión que, al tiempo que le diera solvencia económica, ayudara a sus colegas de antiguos oficios, como los vendedores ambulantes. Vio en el Derecho la forma de hacerlo. En ese camino por cristalizar sus sueños, se matriculó a la facultad de Jurisprudencia de la Universidad Católica con los ahorros que pudo hacer en su empleo. Adquirió un crédito en el ICETEX y alquiló una habitación cercana al campus universitario. No obstante, los costos de las matriculas siguientes, el pago del arriendo, alimentación, fotocopias y demás gastos académicos, sobrepasaban su capital. Decidió entonces subirse a los buses como ayudante del conductor, recibiendo los cobros, voceando las rutas y paradas, etc. Así mismo, empezó a vender artesanías en las calles, en las que tantas veces, como Alexander, sufrió los embates del sistema opresor que nos gobierna desde hace siglos.

Augusto pasó todo tipo de necesidades, pero nunca flaqueó porque sus anhelos eran más fuertes que sus afugias. En los buses, también publicitaba los consultorios jurídicos de su Universidad, para que muchos que no podían acceder a un abogado, lo hicieran de forma gratuita.  En los restaurantes partía su almuerzo en dos, para comer al medio día y en la noche. Muchas veces comió lo que las personas dejaban, otras, ayudaba a lavar los rimeros de platos y así pagaba su comida. Ocampo sabe qué es el hambre, la vivió en cuerpo propio.

Un día, en una de las calles bogotanas se encontró con su profesor, Juan Martín Suarez, que le tenía especial aprecio y lo llevaba en muy buen concepto.  El profesor que laboraba en el Tribunal de Cundinamarca, le dijo que no desperdiciara su talento y lo recomendó en esa entidad para que inicie su judicatura.  Como siempre, el desempeño de Ocampo fue su mejor carta de recomendación y se quedo trabajando en ese Tribunal como sustanciador. Con los años conoció a la magistrada Leonor Perdomo, quien, teniendo en cuenta sus capacidades y obstinación por la defensa de los más vulnerables, y cuando ella fue nombrada magistrada de la Sala Disciplinaria del Consejo de la Judicatura, lo llamó para que trabajara a su lado como Magistrado Auxiliar de esa alta corporación. Su trabajo era escribir y argumentar esos fallos bajo la tutela de la Magistrada Titular. Cursó posgrado de investigación criminal en la facultad de la escuela de la Policía General Santander, y como si se tratara de justicia divina, años después de que los policías lo perseguían y golpeaban, fue profesor de policías.

En 2012 empezó a trabajar en la alcaldía de Bogotá Humana, bajo el liderazgo de Gustavo Petro. Augusto fue el director distrital de asuntos disciplinarios y gerente de litigios de la Empresa de energía de Bogotá.

Cansado de ver tantas muertes a causa de accidentes de tránsito por conductores embriagados y con el afán de contener a tantos homicidas en potencia, Augusto crea, junto a su hermano David, un dispositivo tecnológico que permite evitar estas muertes.  El dispositivo percibe los niveles de alcohol en el carro, bloquea su sistema de inicio e impide que los borrachos cojan el timón,  salvando así muchas vidas.

Ocampo también hizo parte del equipo jurídico que defendió al reconocido periodista Gonzalo Guillén, a Daniel Mendoza Leal y a su serie Matarife del acoso judicial que emprendieron sectores tan poderosos del país como la extrema derecha representada en Álvaro Uribe Vélez y su ejército de abogados. Al final, Guillén, Mendoza y su exitosa serie ganaron todos los litigios a los que fueron requeridos.

En los últimos meses, y prestando oído a la petición que muchos le hacen, Ocampo ha dejado entrever que podría aspirar a un cargo de elección popular en 2022, tremolando las banderas de justicia social del movimiento Colombia Humana.  Muy seguramente, en ese escenario, seguirá defendiendo a los desamparados, en especial, a los que comparten sus mismas necesidades de tiempos pasados: los vendedores de la calle, porque contrario a politiqueros como Claudia, Augusto nunca olvidó sus raíces.

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Acerca de Bautista
Investigador independiente, escritor, samario por adopción.