¿Cuál es el miedo?

Es muy común leer y escuchar desde la arista política que aborrece a Gustavo Petro decir que

“este siembra odio, divide el país, genera desconfianza, produce miedo etc.”

¿Pero cuáles son sus razones? ¿Qué argumentos hay detrás?

En su trayectoria política desde edad muy temprana siempre destacó, su hoja de vida es presentable y su perfil encaja entre las mejores opciones para la presidencia, incluso los resultados en elecciones pasadas fueron sorprendentes, pese a no tener grandes alianzas políticas. Sin embargo, lideres importantes y voces fuertes de opinión en el país aún tienen miedo a este ¿Por qué?

Antes de Petro algunos líderes políticos importantes que lograron una popularidad similar y encajaban en postulados de izquierda fueron exterminados, podríamos decir que milagrosamente Gustavo ha sobrevivido y además sigue siendo una voz importante dentro de la política, la verdad y valentía que lo caracteriza genera pánico en quienes aún no lo ven como, al menos, una opción presidenciable y lo descartan de tajo.

En su experiencia administrativa Bogotá hizo importantes avances sociales bajo su mandato, pero las críticas se basan en resaltar las promesas incumplidas y maximizar los desaciertos al mismo tiempo que se invisibilizaban los grandes logros, frente a la infancia, niñez y la sociedad. Otros opositores más poderosos le declararon una guerra jurídica que mediante sanciones y presiones económicas buscaron desestabilizar y acorralar su administración. Aun así, esta concluyó mostrando resultados importantes para la sociedad en general y no esa pequeña elite cachaca.

Como senador ha sido de los más destacados, sus denuncias pusieron en el debate público la parapolítica, la desigualdad social y la rampante corrupción, siendo quien determina cambios estructurales en el gobierno y la nación, estando plenamente consciente de la diversidad y complejidad de la sociedad colombiana. Su popularidad se evidencio en las masas en la última campaña y sus propuestas resaltaron a tal punto que actualmente incluso se han tratado de aplicar.

Pero para algunos este no es una opción viable, todo lo anterior mencionado deja de importar cuando se puede afirmar que es similar al senador Uribe aun cuando son diametralmente diferentes, cualquier desacierto por inconsistente que sea se maximiza, como su voto por Ordoñez para procurador o incluso su militancia en el M19 pese a que pagó una condena por ello y no se le pudo comprobar ningún delito.

Frente a las lánguidas críticas a su carácter, su forma de mirar o vestir se oculta el miedo al cambio real que este representa y que sin duda es el más calificado para liderarlo, justamente por que propone el debate como medio de dialogo constante frente a tomar decisiones. La almendra de la crítica que resalta entre reconocidos periodistas y políticos parece ser que oculta esa arrogancia característica del colombiano frente a sus iguales con menores recursos, y se asocia a la inconciencia de clase que nos hace creernos por sobre todo lo que Petro representa, el gobierno de los desposeídos.

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