El Camaleón Uribe: Mitos y Realidades

Por: Ignacio Álvarez (@funurbiano)


Al querer escribir estas líneas sobre mi conocimiento cercano de la vida de Álvaro Uribe, no he pretendido hacer un manual de crónica roja sobre la vida del señor del Ubérrimo, sino mostrar las sencillas circunstancias y acciones sociales sobre las que se ha ido edificando el atrio de adulación y hasta adoración a este señor de Salgar. Circunstancias y acciones a las cuales HEMOS contribuido much@s colombian@s en varias ocasiones porque nos dejamos hipnotizar de las mentiras del culebrero del suroeste antioqueño.


Así pues dejemos claro que Alberto Uribe Sierra no era un hacendado poderoso ni capo del narco comenzando la década del 70, muy por el contrario era un finquero del común que le jalaba al contrabando y compañero de los que hacíamos fila los lunes en la puerta del almacén de zapatos Wellco, donde don Pacho Restrepo, dueño de dicho almacén, nos atendía para financiarnos, a los que viajábamos a Maicao a traer mercancía para vender en lo que en ese tiempo se llamaba San Andresito, hoy un lugar que en proporciones mayores en su infraestructura se conoce como “El Hueco”. Alberto Uribe sabría mucho del manejo de fincas, pero se mantenía muy endeudado, como lo reafirma Fabio Ochoa Restrepo (“Mi vida en el mundo de los caballos”-), por eso y para sacar a su familia adelante, paralelamente, “le metió el diente” al contrabando. Era la usanza de la época.


En la década del 70 no había comenzado la visibilidad del auge del narco y para el momento el capo de dicho negocio era Santiago Ocampo Zuluaga , un santuariano propietario del estadero y plaza de toros “La Rinconada” en Girardota. Hablamos de una década en que Álvaro Uribe todavía no había escalado posiciones de poder, pero si las estaba buscando… Alberto Uribe en esa misma década no era capo del narcotráfico, ni tenía poder económico.

Alberto Uribe era denominado “el Gitano” porque hacía todo tipo de triquiñuelas para engañar a la gente en sus negocios, al punto de que en las ferias de ganado en Antioquia le tenían mucha prevención a las piaras de cerdos que llevaba este “gitano” a vender, porque había la certeza entre los asistentes a dichas ferias de que él inyectaba bicarbonato de sodio o cualquier otra sustancia que ayudara a los animales a subir el peso en el momento de la venta. Don Fabio, quien lo admiraba y era su padrino y profesor en el tema de las montas a caballo dice sobre Uribe Sierra en el mismo libro mencionado anteriormente que “…de una habilidad sorprendente, con quien él se engancha, lleva la PEOR parte”


Don Fabio Ochoa como buen padrino y admirador del progenitor de Álvaro Uribe lo fue recomendando entre sus amigos y paisanos como el más conocedor del agro colombiano y por tanto al morir asesinado en 1983 tenía varias propiedades rurales a su nombre pero como testaferro. Claro, era un conocedor del campo y bien referenciado por el patriarca del clan Ochoa, llenaba las características para soltarle una finca y de paso camuflar la propiedad “conseguida con el sudor del narco”. Obviamente cobraba fuerte por eso y mejoraba su situación económica.

La otra falacia que hay que desmontar de una vez por todas, es que a Alberto Uribe lo mataron los de la Farc en su finca “Guacharacas”. No señor, lo mataron por un torcido de negocios y punto. Murió en su ley del engaño “el gitano” Uribe. Esto era “vox populi” entre los lugareños de la región que sabían que en esa zona no había guerrilla de las Farc y lo corrobora Pablo Catatumbo cuando ya desmovilizado en una entrevista para “El Espectador”, dice clara y tajantemente que ni era su zona, ni la metodología del ataque era propia de su guerrilla.


Pero Alvaro Uribe esgrimió ese argumento para erigirse como el paladín de la justicia contra la guerrilla y a muchos, incluido yo, nos convenció durante mucho tiempo. Yo fui secuestrado por las Farc en dos ocasiones en mi permanencia laboral en Urabá y obviamente me sonaba muy agradable, que el salgareño prometiera desmovilizar a una guerrilla grande y poderosa o que la sometiera por la fuerza militar. O sea, por las buenas o por las malas y eso me lo prometió un fin de semana que en sus correrías políticas por la zona de Urabá lo trasladé en mi vehículo, un Nissan blanco, del aeropuerto de Carepa a su sitio de reunión política en Apartadó. Advierto que nunca fui de sus “democráticos” grupos políticos, pero si fui cercano durante mucho tiempo a Álvaro, parte de su familia y amigo de sus seguidores “carga ladrillos” de esa época. Por eso conozco lo que conozco y narro de primera mano, no como producto manipulado de los correveidiles criollos.


Personas buenas de su entorno cercano: Si el innombrable hubiera seguido haciendo caso a sugerencias y consejos y, rodeado de personas como Lina Moreno su esposa y José Roberto Arango, su gran aliado de negocios con quien comenzó “ el Gran Banano” en la carrera 70 de Medellín junto a la Universidad Pontificia Bolivariana y al frente de la casa de don Pacho Restrepo el prestamista de Guayaquil, que habíamos mencionado antes como apoyador económico de los contrabandistas de San Andresito, la situación en este momento para “EL” y para Colombia sería muy distinta. Lina una gran mujer, pensante y pensadora como buena filósofa de familia, esa si, poderosa económicamente. José Roberto un excelente profesional macro negociante, componedor exitoso de entuertos económicos de marca mayor. Los dos con ejercicio permanente de sentido común y gran afecto por Álvaro Uribe. Obviamente que estas dos personas NO necesitaban adular al salgareño, le han dicho siempre las cosas de frente y sin ambages. Eso no le gusta, otro rasgo de su personalidad ególatra.


Pero no, este prefirió dejarlos de lado con mucha tangencialidad y rodearse y hacer caso en su ejercicio político de aduladores segundones como José Obdulio Gaviria, Paloma Valencia y similares especies de la politiquería colombiana. De nada valió la frase de combate de Lina Moreno “como obispo Uribe, como obispo…” para que atemperara su carácter y ambición. Álvaro y Lina habían pactado, finalizando el primer período presidencial, que el primero seguiría en política pero no en cargos ejecutivos ni senatoriales para dedicarse más a la vida familiar(entrevista a la revista Diners a Germán Santamaría)…Pero pudo la ambición de poder, la adulación de sus aúlicos y tal vez el miedo a que lo extraditaran fácilmente y resolvió seguirse escudando detrás de la burocracia.


Me volví a encontrar a Alvaro comenzando la década de los 80, cuando a “EL” le ofrecieron y nombraron como alcalde de Medellín, ya impulsado por los tentáculos mafiosos, amigos, para ese entonces de Alberto “gitano” Uribe, que ya testaferreaba fincas y los suyos propios que había conseguido a su paso por la Aeronáutica Civil.


En momentos paralelos en ese mismo año, a mi don Santiago Ocampo, el de “La Rinconada” de Girardota y Humberto Saldarriaga Director del movimiento político “ Casa Comunitaria” me ofrecían la alcaldía de ese municipio al norte de Medellín. Tuve reuniones con todos: caciques políticos que tenían fuerte división, Saldarriaga como representante de la renovación política joven de la zona norte del Valle del Aburrá y con don Santiago. En esa época me resultó otra oferta laboral con menos anzuelos en el costal y preferí no meterme en la cosa política de lleno. En ese momento Girardota era un punto mas consolidado de la mafia, que el mismo Medellín. Pablo no era el símbolo todavía los grandes capos respetaban su palabra, que era sagrada en los negocios. Estaba próxima la ola de terror que desataría Escobar para lograr hegemonía sobre los demás y el monopolio del negocio narco.

Uribe Vélez saldría presuroso de la alcaldía de Medellín, urgido por el presidente Belisario Betancur y presumiblemente a causa de sus nexos con Jaime Cardona Vargas llamado “el reydel Marlboro” y socio de Griselda Blanco ( Los Jinetes de la Cocaína- Fabio Castillo). Ya Pablo Escobar sonaba y pesaba en el ambiente mafioso. Había relevo generacional, de los capos silenciosos a los capos faranduleros y ostentosos. Ya el salgareño había pasado durante dos años por dirección de la Aeronáutica Civil y comenzaba “a pedir pista” política y también entre sus amigos los de Envigado….


En esa guerra maldita moriría Beto Cano, gran amigo mio y el médico Diego Arbeláez, también mi amigo. El primero por “pisarle los callos” a Escobar porque conocía mejor las rutas de ingreso por Turbo y Necoclí, el segundo por conocer intrinqulis de los juegos de fútbol. Era el médico del Deportivo Independiente Medellín. Lo mataron al salir de un partido en el estadio Atanasio Girardot. Ola de violencia mafiosa…

La primera entrega puede encontrarla aquí: «El Camaleón Uribe Vélez»

La segunda entrega puede encontrarla aquí: «El Camaleón Uribe, 2da parte»

Sobre el autor:

Ignacio Álvarez, Caminante por América. Ex directivo universitario. Líder de «Fundación Nueva Urbe» por una nueva ciudadanía. Twitter:@funurbiano
correo-e: ialvarezlozano@yahoo.es

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Epicuro de Samos
Acerca de Epicuro de Samos
Un joven del común, preocupado por la situación económica, política y social de nuestro país. Activista político en redes, por el despertar de la conciencia colectiva de la sociedad colombiana. “Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven.” –Epicuro