La peste nos cogió de bruces y tratando de levantar la cabeza.

TOMADO DE https://cronicon.net/paginas/edicanter/Ediciones89/nota16.htm

 

Sin duda alguna pensar en Colombia en el ámbito internacional evidencia la gran complejidad no solo en lo geográfico, especialmente en lo social.

Somos una nación que como nombre lleva la negación de sus orígenes invocada en el “descubrimiento” ese error histórico que niega que antes de la colonia había una sociedad, civilizada compleja y avanzada.

Desde aquella época en la que nuestros recursos fueron vilmente saqueados mientras nos arrodillaban frente a nuestros colonos el país no ha mostrado muchos cambios, hoy la ya civilizada nación no logra tener una identidad propia frente a un tema tan delicado como es la pandemia mundial.

Nuestra historia borrada del mapa y reescrita nos deja vulnerables ante un problema que requiere una sociedad unida y con identidad cosas que la cultura logra a través de sus más bastas expresiones, la peste ya anunciada al mundo desde meses atrás nos agarró desprevenidos, en medio de una crisis social arrastrada por décadas.

A pesar de no ser el único país que se volcaba a las calles para reclamar derechos en Latinoamérica, el caso de Colombia resulta particular por que evidencia una sociedad que aún no es consciente de su propia situación, que termina haciéndola aún más vulnerable y como el virus no distingue de ideologías políticas de derecha o izquierda lo único que queda al descubierto es los frágiles sistemas que deberían hacerle frente al virus.

Por un lado, está la poca cultura social y de unidad, gente acaparando para si lo que más puede de insumos, personas que no respetan la cuarentena y salen de paseo o farra o quienes aprovechan escenarios de especulación y crisis para inflar precios.

Por otra parte, está el sistema médico que viene funcionando mal desde hace más de una década, un sistema de salud que, a pesar de brindar cobertura casi general debido al exceso de burocracia e intermediación desde el ámbito privado, hace que la salud más que un derecho sea considerada un negocio, con lo que la ética médica se sustituyó por la rentabilidad operativa que precarizo todo el sistema, y aún más cuando la corrupción ya anunciada llegó a esas largas cadenas de transmisión de recursos, donde estos son desviados en cada transferencia.

Así el objetivo final se descompuso completamente ante nuestros impávidos ojos que no alcanzaron a prever que esta columna vertebral descompuesta nos cobraría factura en algún momento.

Ahora que el virus entro al país y recorre sus calles sin que se aplicaran medidas reales para evitarlo solo nos resta apoyarnos en la fe invocando entes sobrenaturales y todas las vírgenes para que eviten que la muerte termine consumiéndonos,  y quizás también nos quede la enseñanza de lo realmente importante que resulta tener un estado garante de derechos mínimos para vivir desde el esquema publico cuidado y protegido, porque aun que nos sigamos tapando los ojos para no verlo la responsabilidad de fortalecer y cuidar lo púbico incluyendo la salud nos corresponde a todos.

 

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