DESOBEDECER

por:  Mauro Saúl Sánchez

 @maurosanchezz1

La historia nos ha dado importantes lecciones a medida que ha sido escrita. Respirar y mirar hacia atrás nos permite concluir que la construcción de sociedad tuvo un común denominador en todos sus escenarios: DESOBEDECER.

Desobedecieron las lógicas impuestas por los gobiernos de turno los independentistas en 1776 cuando Estados Unidos dio el primer paso hacia un nuevo modelo republicano. Desobedecieron los jóvenes franceses cuando se opusieron al régimen de monarquía absoluta de Luis XVI, se unieron y en 1789 proclamaron la Revolución Francesa con posteriores conquistas como la Declaración Universal de Los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Desobedecieron José María Carbonell, Simón Bolívar y muchos más, tras agitar la independencia frente a la monarquía conquistadora española y se arriesgaron a construir un nuevo futuro a sus naciones, no aguantaron la imposición de un gobierno injusto. Lucharon, se unieron y escribieron la historia grande de América. 

Por lo tanto, es apenas lógico que el discurso de criminalización ante la palabra DESOBEDECER florezca en Colombia en tiempos donde la legitimidad política rastrilla contra el suelo, ya árido de tantos hechos corruptos que desprestigian el actuar de un gobierno que se cimenta en la mentira. Causa pavor a las clases dominantes cualquier asomo de desobediencia: Les atemoriza que el pueblo se una y tome partido por una causa justa de cambio.

Y es que el pueblo colombiano no debe aceptar como su gobierno los conduce directo al matadero. No debe Colombia prestarse al juego premeditado de imponer la dicotomía de VIDA O ECONOMÍA, porque la respuesta al unísono debe ser: LA VIDA POR ENCIMA DE TODO. Y en tiempos donde la humanidad atraviesa por la crisis mas compleja del siglo XXI la unidad entorno al cuidado y protección de la vida no debería suscitar siquiera un debate.

En conclusión: los llamados a desobedecer la medida de la vuelta inminente a salones de clase, jornadas laborales en normalidad, apertura total de los espacios económicos habituales, deben ser inmediatamente cambiados por un convocatoria rápida y urgente a garantizar un aislamiento obligatorio inmediato que frene el acelerado crecimiento de la curva de contagio de Covid 19, incentivado por una medida cruel como lo fue el estimular la salida masiva y sin control en los días sin Iva impulsados desde el gobierno nacional.  El esfuerzo principal del gobierno debe ser garantizar el asilamiento obligatorio sin hambre. Para ello eran fundamental los US$10.600 millones de dólares solicitados al Fondo Monetario Internacional, o los 26 Billones de pesos que anunció carrasquilla se habían gastado en la declaración de emergencia sanitaria por el virus, pero que no se han visto reflejados en inversiones reales que suplieran las falencias estructurales del sistema, pero que apalancarían la permanencia de los colombianos en sus casas evitando su riesgo de contagio.

Desobedecer el llamado a la normalidad no significa incendiar el país. Desobedecer hoy en Colombia es vivir. Y la vida si que vale más que unos cuantos billetes con signos de $. Desobedecer las medidas inhumanas anunciadas hoy es la única alternativa que le queda al pueblo colombiano si sueña construir una sociedad justa, libre y en paz: porque sin vida no hay sociedad.

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