El Daniel Mendoza que yo conocí

Elsy Rosas Crespo Publicado el mayo 25, 2020

Cuando era famosa en Twitter (entre 2010 y 2015) conocí mucha gente -la gente que se atrae cuando se goza de fama- y entre toda esa gente que conocí a través de Twitter sólo conservé la amistad -hasta 2019- con Daniel Mendoza porque decidí que él sería la única persona con la que valía la pena seguir hablando entre toda la gente espantosa que conocí ahí.

Mi amistad siempre la buscan los demás y la termino yo en un impulso de aburrimiento, ira o desilusión. En este momento no recuerdo por qué decidí dejar de ser amiga de Daniel y él tampoco está muy interesado en mi amistad porque no me volvió a llamar. Soy gente de pocos amigos (nunca más de dos) y todas mis amistades son largas, no de toda la vida pero sí de cinco, diez o quince años. Si una persona no me gusta en la primera cita no le vuelvo a hablar. Esa es mi ley.

La señora Cielo Rusinge escribió un post en El Espectador en el que posa de amiga y experta en la personalidad y las Causas de Daniel Mendoza pero dice que no lo ha visto nunca porque el machito opresor tuvo el descaro y la osadía de citarla en un hotel. Le cuento a la señora remilgada que Daniel también me citó las primeras veces en su casa o en un hotel, y en vez de escandalizarme y salir gritando en las redes sociales que el machito me quiere violar o abusar de mi inocencia lo que hice fue decirle que para mí era mucho más cómodo que nos viéramos en Juan Valdez o en Avenida Chile y nos vimos muchas veces en Juan Valdez y en Avenida Chile y hablábamos de mujeres estúpidas y de feminismo estúpido y de por qué en Colombia las mujeres son tan perezosas y el feminismo de Catalina Ruiz-Navarro y el de Carolina Sanín no es feminismo sino puras ganas de joder y de llamar la atención.

Daniel Mendoza tiene muchos defectos, claro, detalles que me molestaban, claro, temas que me asfixiaban, claro, pero son mucho más relevantes sus cualidades que sus defectos y paso a enumerarlos:

Es un hombre atento sin ser empalagoso.
Es un hombre generoso que no humilla ni subestima a las mujeres.
Es un hombre que oye atento cada frase que dices porque de verdad le interesa, no para congraciarse con la dama.
Es un hombre que puede renunciar a una amistad para ser amigo tuyo porque te admira más que a tu antigua amiga desabrida. El ejemplo más claro fue Virginia Mayer. Ella le dejó de hablar porque Daniel decidió hablar conmigo y la pobre no lo pudo soportar y lo bloqueó de su vida. Tiene mucho más carácter Amaranta Hank porque me respondía siempre cuando le escribía desde Twitter y nunca le prohibió a Danielito ser amigo mío.
Es un hombre que motiva a las mujeres para que escriban, para que saquen a la luz lo mejor de su talento.
Es un hombre que admira a las mujeres de verdad, no para acostarse con ellas. La prueba es que nunca fui a su casa ni al hotel y llegamos a tener una amistad como de dos hombres. Hablábamos sin tapujos ni misterio de temas sin censura y ninguno se escandalizaba con lo que decía el otro como un par de señoritas remilgadas. Es una persona de mente abierta, de izquierda, amante de la música, la literatura, el placer y el ocio.

Daniel me admiraba tanto que me invitó a participar en La nueva prensa y me pagó por escribir durante cuatro o cinco números. El socio de él es Gonzalo Guillén, un señor que me odia porque me he burlado de la nena consentida Carolina Sanín de forma persistente y porque terminé mi amistad de forma salvaje con Estefanía Uribe Wolff, su otra nena consentida. Gonzalo Guillén adora a sus amigas, no me soporta a mí y, sin embargo, Daniel quería que yo estuviera ahí y ahí estuve.

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