El país de los eufemismos

Perseveramos, aguantamos, sufrimos, trabajamos incansablemente para tener cualquier cosa y aun así no nos alcanza

En la cotidianeidad de nuestras vidas en éste país nos encontramos con tal cantidad de eufemismos que nuestro cerebro simplemente los normalizó, cosa que les encanta a quienes nos los imponen, ya que por medio de ellos romantizan la opresión que nos aplican.

Todos los días, a cada rato, con cada necesidad que tenemos, nos encontramos con uno de éstos elementos suavizadores de nuestra cruda y poco digerible realidad. Somos presa de ellos de tal manera que nos devoran día a día y no nos damos cuenta.

Pongamos ejemplos muy cotidianos:

Carlos es un joven de estrato medio-bajo que acaba de salir de hacer una tecnología en el SENA, se topa por primera vez con el liso, amplio y alto muro del desempleo; una oferta de trabajo que encuentra dice algo extraño: «…se requiere persona con capacidad de trabajar bajo presión…».

En la necesidad y afán que embargan a Carlos aplica a la vacante, confiado en que su formación, determinación y crianza serán suficientes para cumplir a cabalidad con esa extraño requisito; lo que él ignora es que detrás de esa vacante está un trabajo que implica aguantarse a un jefe que por su altanería grita frecuentemente a sus sub alternos y les exige imposibles.

Ramón es un anciano que vende plátano hace 10 de sus 74 años en una carretilla. Todos los días recorre 20 calles en la madrugada para llegar hasta donde le dejan el plátano más barato y así poder revenderlo, después emprende su ruta en medio de carros, huecos, smog, andenes y calles hasta que logre vender su carga o el clima le permita continuar. Ramón dice que su trajín diario es normal, porque Dios dice que debemos ganarnos el pan de cada día y nadie come si no trabaja. Él ignora que detrás de toda su vida hay una ausencia estatal de décadas que no le permitió conseguir un trabajo que lo pensionara o que como mínimo le garantizara una calidad de vida mejor para su vejez.

Así como Carlos y Ramón, miles de colombianos pasamos a diario por lo mismo, luchamos, perseveramos, aguantamos, sufrimos, trabajamos incansablemente para tener cualquier cosa y aun así no nos alcanza, pero el gobierno, la religión y la misma gente no ayudan, porque todo es normal, todo hace parte de un supuesto ciclo de vida esclavizante que todos debemos afrontar porque sí, que debemos sobrellevar porque así debe ser, he incluso, hasta debemos agradecer porque «estamos vivos».

¿En realidad vivimos? ¿En realidad somos tan silvestres aún que permanecemos impávidos ante la ausencia de vida en nuestra vida? ¿En realidad somos unos entes que un puñado de poderosos exprime a diario, manipulados en masa por medio de eufemismos?

Somos más que eso, somos más que ellos, y queremos vivir no sobrevivir.

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