EL PLAÑIR DE LOS HIPÓCRITAS

Un hecho como el de hoy sí nos pone mucho a pensar sobre ellos, no como seres individualmente sino como el colectivo que son y su discurso cambiante.

Hipocresía: la falta de autenticidad

Hoy la Corte Suprema de justicia dictó detención domiciliaria contra el ex Presidente, Senador y líder del partido de gobierno Centro Democrático Alvaro Uribe por el manipulación de testigos, hecho que desató una ola de voces a favor y en contra pero que más allá de eso marca un precedente contundente en la historia reciente de la justicia en Colombia.

Como bien se ha sabido, el uribismo se destaca por una «unión» entre sus adeptos y militantes, haciendo tendencias y uniendo sus voces para defender sus ideales y más necesariamente a su líder, que sí que ha necesitado voces a su favor con el extenso número de procesos adelantados en su contra, conexiones turbias e implicaciones que poco a poco se han ido conectando entre sí, en especial últimamente, con lo que hemos visto en la serie Matarife y las denuncias hechas por periodistas y abogados en donde incluso varias veces a la semana sale algo nuevo, un hecho punible más que se suma a su prontuario de sacristán inocente. Nosotros como movimiento progresista en las redes sociales hemos sido incisivos en denunciar, exponer y hasta educar sobre estos temas, y el contraste con lo que puedan pensar los seguidores de éste siniestro personaje no nos afecta, ni siquiera desgasta, su retahíla banal de llamarnos guerrilleros, vagos, drogadictos, mamertos, incendiarios, mentarnos la madre o hasta amenazarnos de muerte detrás de un celular que parece ser mas inteligente que ellos, por no mencionar las razones con las que supuestamente cualquiera que esté en contra de ellos es petrista, sin embargo un hecho como el de hoy sí nos pone mucho a pensar sobre ellos, no como seres individualmente sino como el colectivo que son y su discurso cambiante.

Tras indagatoria de Uribe en la Corte, estos son los escenarios ...

El Senador en cuestión fue partícipe y, después cuando su poder aumentó, promotor, directo o indirecto, de un sin numero de atrocidades que éste pobre país le ha tocado suplir, entre ellas masacres, desplazamientos, violaciones, corrupción y mafia, mafia que se ha aferrado tanto al establecimiento público que desde allí simplemente se oculta todo, se pierde todo, se roba de todo, la impunidad es de todos los días y no pasa nada. Es curioso que una persona así tenga seguidores tan fervientes, de las razones hablaremos después, lo que se destaca hoy es el fanatismo al cual han llegado estas personas.

Sacando pecho dicen ser personas «de bien» por que su actuar está absolutamente dentro del marco de la ley y en total pro del bien de la nación, dicen que cualquier persona que cometa el delito que se debe ser castigado con todo el peso de la ley, que la justicia debe ser más severa con los guerrilleros desmovilizados, que los ladrones deben estar en prisión, que los violadores deben ser sentenciados a cadena perpetua, que sus protestas se ajustan al derecho de las mismas, que las Fuerzas Militares deben de ser respetadas e incluso deberían tener más poder, etc. Todo ésto visto desde una óptica superficial está bien en su gran mayoría pero cuando empiezan a decir que los delitos que cometen sus simpatizados son persecuciones políticas, que los paramilitares deberían volver a ser la mano negra e izquierda del gobierno, que los funcionarios públicos que se roban miles de millones o que nombran a un inepto en un cargo es normal porque todo el mundo lo hace, que los violadores en su partido solo están siendo rastreramente difamados, que las protestas de sus opositores son promovidas por organizaciones de izquierda externas a nuestro país y que en éstas solo participan los peores seres de la sociedad, que un policía puede golpear salvajemente a cualquier persona solo por el hecho de ser autoridad o que un soldado viola a una niña indígena porque ella lo incitó, su discurso se vuelve un vacío hipócrita que solo alimenta sus falencias psicológicas, sociales y afectivas, alimentando su odio hacia una opinión diferente, su falta de argumentación, su ausencia de ética, su falta de empatía, su moralidad doble y hasta triple, dependiendo del caso.

Desobediencia social sí porque es contra Santos, desobediencia social no porque la propuso Petro. El narcotráfico es un delito grave porque las FARC lo comenten, el narcotráfico es una tragedia familiar porque el hermano de la Vicepresidenta la embarró. Los ex guerrilleros no deben estar en el Congreso, los ex guerrilleros tienen curul con nosotros. Petro mete billetes en una bolsa eso es que está recibiendo dineros fraudulentos, recibimos dineros de un narcotraficante por no saber quién era o quién los recibió. Políticos de oposición se toman fotos con guerrilleros, nosotros creíamos que el ñeñe era ganadero. Que la Corte Suprema de Justicia investigue a Petro por bajar tarifas en el SITP, la Corte Suprema de Justicia es arrodillada de las FARC y Santos y no puede tocar a Uribe o nos armamos. Salir a marchar en pandemia es una irresponsabilidad de quienes la promueven, salgamos a marchar porque con Uribe no se pueden meter. Como si eso no fuera el colmo, empezaron a salir unos en sus redes llorando como plañideras, frustrados porque su voluntad única e inamovible ha sido derrumbada y su discursito de tres pesos es tan inservible como contraproducente.

No sé si hoy sea el inicio de la caída de esta narcodictadura, pero bien se ha dado a conocer las falencias del midas que todo lo que toca (o lo toca) sale corrompido o hasta muerto, y ha puesto en evidencia el discurso acomodado de los defensores de lo indefendible. Ojalá llegue el momento en que el peso de sus palabras sea tan grande que poco a poco vayan desapareciendo en el olvido, sumidos en la vergüenza de haber sido promotores y defensores de el foco de todos los males de su gente.

Movimiento Naranja Eje Cafetero

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