LA PUESTA EN ESCENA DEL CENTRO DEMOCRÁTICO: “MÁS ESPECTÁCULO QUE POLÍTICA”

PRESENTADO POR: KAROL NATALIA VELASQUEZ CARVAJAL

UNIVERSIDAD DEL TOLIMA

FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS Y ARTES

La maquinaria política que hay en Colombia está siendo cambiada, o al menos, utilizada con nuevas formas por parte de un partido político que aprovecha al máximo las ventajas de las nuevas tecnologías para así alcanzar el poder, y hasta la fecha, parece que lo está logrando. No podemos atribuir este “logro” que parece más un premio mediático que una lucha de ideales, a otro partido que no sea el del Centro Democrático. Sin embargo, si bien es clara la ventaja que él mismo ha obtenido en los últimos años a pesar de su aparición reciente en la escena política, cabe preguntarnos ¿qué herramientas son las que ha utilizado este partido político para hacerse y mantenerse con el poder? Podríamos decir que son variadas y que siguen diferentes líneas, pero podemos constatar desde un principio qué, en términos generales, el Centro Democrático es un partido monocausal sin más inventiva que la que le proporciona el actual proceso de paz en Colombia (Losada & Liendo, 2016). Entonces, ¿cómo logra “destruir” un “proyecto elaborado” (proceso de paz) para hacerse con el control?

Habría que analizar las formas en que el Centro Democrático se ha proyectado como un partido político “salvador” en medio de una justicia con impunidad. Pensarlo desde un punto de vista social-político resulta fácil, pero ¿Cómo se proyecta esa idea a millones de personas? Se puede establecer que “la multiplicación y difusión de los medios de comunicación de masas modernos han modificado en profundidad el modo de producción de las imágenes políticas”(Balandier, 1994, pág. 117). Teniendo esto en cuenta, es claro afirmar que las imágenes que se proyectan a los ciudadanos ya no nacen a partir de una creación propia del imaginario individual de cada simpatizante, sino que son introducidas dentro del consiente de cada persona imponiendo una forma de pensar acerca de el mensaje que se quiere trasmitir. Es comparable con la idea de hace décadas atrás donde el candidato o líder político se nutre de un grupo de seguidores gracias a sus ideales y su capacidad de expresarse frente a los individuos. Es perfectamente de eso de lo que se trataba el discurso político, pero ahora los imaginarios son construcciones, a veces, sofisticadas sobre una realidad concreta que valen como juicios y elaboraciones sobre algo, porque las imágenes son generalizadas y esparcidas sin “disimulo” por medio de las cadenas televisivas y de radio, con un mensaje genérico y básico. No hay posibilidad de confirmar el mensaje porque el medio de información para el colombiano es lo suficientemente valedero.

            Antes de analizar los dispositivos simbólicos e imaginarios, es preciso indicar desde una mirada más holística cómo el Centro Democrático se teatraliza y monta todo un espectáculo que a fin de cada acto no deja más que preguntas, ya que el mismo no resuelve nada, porque es incapaz de dar respuestas. Se torna repetitivo y falto de creatividad, en cuanto a tema se trata, pero no frente a las formas de explotar y exprimir el mismo tema, porque estas son variadas y nutridas dentro de este espectáculo. De acuerdo como lo pensara Balandier, el Centro Democrático ha sido capaz de dominar una nueva tecnología de lo simbólico y de las creaciones imaginarias, como una nueva forma de construcción de dramaturgia dentro de la política (Balandier, 1994). Desde este punto se hace reconocible que el Centro Democrático utiliza un mensaje que, en primera medida resulta genérico, y segundo, unos medios definidos como lo son las cadenas televisivas y demás medios que el colombiano suele utilizar creyendo que los mismos son proveedores reales de información verídica. Basta recordar a Balandier cuando afirma qué:

“La dramatización trivializada, que traspasa las fronteras del campo estrictamente definido, es una característica de las sociedades electrónicas; allí donde aparece asegurada su difusión a través de los medios de masas y sea cual sea su origen, puede recibir una significación política” (Balandier, 1994, pág. 129).

            En razón a la utilización de los medios de comunicación como elementos “unificadores” que permitan dar por sentado la idea o concepto que se pretenda trasmitir, se logra afianzar una gran cantidad de individuos seguidores de ideas imaginarias. Sin embargo, ¿qué es lo que une en Colombia? Como nos plantea Pérez, es posible establecer que:

“Necesariamente se debe hablar de los partidos como aglutinadores de la sociedad interesada en el devenir político, son ellos los que modelan las ideologías y aunque ya se planteó que en América Latina poco importan, el proceso de transición que se está viviendo en el que cada vez más se busca fortalecer estas colectividades, propende por darle identidad a estos grupos”. (Pérez, 2015) 

Frente a este apartado de Pérez (2015) es considerable indicar que la significación e identificación dentro del grupo político del Centro Democrático está dada por la aceptabilidad del discurso que maneja en función de los diálogos de paz y más recientemente el proceso en sí. En ese orden, el proceso de paz que llegó a feliz término con la firma del acuerdo, da material suficiente (pero no variado) para que el Centro Democrático iniciara su proyección teatral bajo unas prácticas codificas fuertes. Estas prácticas son ostentosas, y se muestran claramente en la creación de debates y pugnas políticas sin sentido ni sustento real, cuando su líder y máximo representante, Álvaro Uribe Vélez, (Expresidente 2002-2010 y actual senador de la República) ensalza los medios con su versión “castrochavista” de los tratados de paz y la justicia impune que se avecina. Esto se funda en que en gran medida “los procedimientos para ello son la creación artificial de acontecimientos, la provocación, lo inesperado, que irrumpe en los lugares más diversos y con frecuencia en los más comunes”(Balandier, 1994, pág. 130)

Toda esta ritualización y práctica generalizada se hace cada vez más común y poco a poco ha ido perdiendo su fuerza, pero no por ello, su validez para los seguidores más fieles. Y, siguiendo la línea misma de la práctica de este elemento codificado, se suma la forma para hacerlo llegar que son los medios de comunicación, en donde solo por nombrar algunos como RCN y Caracol, muestran una imagen y critican otras sin parcialidad y con fines específicos, donde no es informar sino convencer que lo que se está proyectando es real.

Si sumamos un medio, un mensaje y una receptividad, el resultado empieza a verse llevadero por el rumbo que su emisor quiere. No obstante, no se queda sólo en mensajes de carácter directo, sino también en cuestiones de identificación que le permiten al seguidor/simpatizante del Centro Democrático, sentirse representado. El sombrero, el poncho y el carriel paisa son algunos elementos que se muestran repetitivos dentro del montaje teatral del Centro Democrático, montaje tal que, logra hacer que sus seguidores muestren los mismos comportamientos creyendo que se sienten representados.

            Podemos llegar a deducir con los elementos que se han planteado hasta ahora, y retomando la idea que nos funda Balandier, que “el poder dispone así de medios permanentes y de una capacidad jamás alcanzada antes, de elaborar su propia representación y su planteamiento a propósito de los asuntos tratados y de las situaciones” (Balandier, 1994, pág. 144). Ya no se muestran ideales, se venden imaginarios e imágenes. La política, además, responde cada vez de una forma más acentuada a las dinámicas de la economía y por supuesto, a la teatralización y dramaturgia del poder.

            Dejando sobre la base amplia que tiene el Centro Democrático con los medios de comunicación, es prudente hacer una valorización de los imaginarios, prácticas y dispositivos simbólicos de manera separada.

            Respecto de las formas y formalidades que se presentan dentro del conjunto de este partido, podemos rescatar de una manera las prácticas que destacan sobre la ritualización que este presenta. Una de ellas es la insistente manera en que se ataca a los diálogos de paz, a la justicia con impunidad y a una ola de “castrochavismo” vecino que terminará invadiendo los hogares colombianos. Tenemos que preguntarnos ¿entienden realmente algunos individuos de la sociedad colombiana lo que esto significa? Lamentablemente no, y aún más lamentable es que estos mismos individuos del común no entienden las diferencias básicas entre derecha e izquierda, pero aun así logran identificarse con alguna de estas, no por su contenido ideológico, sino por la imagen que venden. La práctica en escena de regañar, discutir y tener acalorados debates para defender estos ideales es algo común dentro del Centro Democrático, y los medios se muestran receptivos a proyectar estas eventualidades. Siendo así, las prácticas codificadas dentro del Centro Democrático son formalismos y protocolos más que deben tener cada uno de sus miembros para mostrar un imaginario útil para seguir confundiendo y ganando simpatizantes.  

            ¿Qué decir entonces de lo imaginario? Estos se han convertido en verdaderas construcciones sociales, –tal vez tergiversando un poco la idea de Bourdieu sobre los mismos– pero encontrando similitud en cuanto a qué, los imaginarios que crea el Centro Democrático con su mensaje combativo y de odios encontrados, resulta un elemento de cohesión para sus seguidores. Siendo así, el mensaje y el imaginario que se crea en sus ciudadanos es repetido por otros y cobran sentido y relación dentro de sus formas de sociedades “uribistas”.

            No es difícil encontrar los dispositivos simbólicos cargados de mensajes dentro del Centro Democrático, empezando por su mismo líder. Álvaro Uribe Vélez es dador de órdenes y del mismo modo, engendra una idea y una imagen, que se utiliza como bandera (literal) para salir a la campaña política. Él mismo supone una imagen (difuminada, claro) del logo del centro democrático y a todas luces, es la imagen que el partido quiere replicar. Incluso, desde sus gestos y formas de oratoria son materializados dentro del logotipo, con esa típica mirada perdida, la mano en el corazón y la “tenacidad” de un antioqueño (Losada & Liendo, 2016).

            Sí, efectivamente el Centro Democrático termina asemejándose más a una larga obra de teatro con altibajos que a un partido político. Identificamos escenas como pequeñas pugnas y debates; una escenografía montada sobre el contexto político y social que atraviesa el país; unos representantes como actores que teatralizan su actuar; mensajes que pretender ser el punto central de la obra; un protagonista que es quien más cámara logra tener; unos medios de comunicación que se ofertan como los medidores entre la escena teatral y el espectador, y un final que, lamentablemente no parece estar cerca aunque los medios así lo pretendan “más cerca de ti”. El Centro Democrático ha dado cátedra de cómo utilizar los medios de que dispone para hacerse con el poder, manejar la prensa, los medios, y, sobre todo, entrar en las subjetividades de los ciudadanos haciéndolos creer que son libres sobre las decisiones que toman frente al tema central del partido político, pero en realidad resultan “maniatados” en medio de una obra teatral que parece no tener final.

Refrencias:

Balandier, G. (1994). La pantalla. En G. Balandier, El Poder en escena. De la representación del poder, al poder de la representación. (págs. 115-149). Barcelona, Buenos Aires, México: Paidós Ibérica SA Estudios.

Jimenez Asensio, R. (2009). Los Vacíos de la política en época de globalizacion. Z. Baunman ¿versus? J. Habermas. ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política. (40), 73-92.

Lefort, C. (2004). La incertidumbre democrática. Ensayos sobre lo político. Barcelona: Esteban Molina.

Losada, R., & Liendo, N. (2016). Centro democrático» party in colombia: reasons for its emergence and success. revistas.unal.edu.co , 26 (87), 41-59.

Pérez M, C. A. (2015). Partidos políticos y medios de comunicación como agentes movilizadores del voto. FORUM Revista Departamento de Ciencia Política (7), 173-190.

Velasco, J. D. (2017). El voto uribista en los municipios colombianos: patrones y significados (2002 – 2014). Análisis Político , 29 (87), 41-59.

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