Los periodistas de Colombia son obedientes

Por: Mónica Sánchez Beltrán (@Navegandita)

Los periodistas de Colombia son obedientes,
«por ejemplo, el día que el ejército le metió un tanque de guerra por la jeta a la justicia, y la bombardeó  y la quemó para siempre.
Y asesinó a su magistrados y a todos cuantos pudieron asesinar ese día los héroes del ejército. 
Esa sagrada institución salvando la democracia, maestro.

La ministra ordenó a los periodistas: mejor echémosle al pueblo una de fútbol, mientras la masacre.   Y los periodistas dijeron sí doctora y obedecieron. Ahí desperdiciaron la última excelente oportunidad de desobedecer.

Otro día, el paraco asesino de don GUILLERMO les dijo: aquí ya no hay paracos, ahora se dice bacrim.
Y todos los periodistas obedecieron.
al paraco.
Qué vergüenza con don GUILLERMO: dio su vida por nada.

Porque obediencia es lo que les enseñan en las universidades de Colombia:
A decir «sí doctor» “sí doctora”.
A hacer reverencias sin despeinarse.
A lamber sin abrir la boca.
A saltar solitos a la siguiente pregunta, amigo.

Con obediencia sumisa siguieron engañando a los colombianos estos últimos 30 años.
Contándoles su propia masacre como si de veras fuera una guerra entre héroes y bandidos, un sacrificio patrio debido, y no un genocidio del estado contra los campesinos aborígenes y raizales por todo el país, para despejar el territorio.

¿Y a quién le obedecen los periodistas?
pues al patriarca.  
Es el mismo cipayo servil que nos dejó al mando el conquistador, representado en los tiempos que nos correspondieron por Luis Carlos Sarmiento Angulo y su reducido grupo de amiguitos: una bacrim de industriales, porque ya no se les puede decir paracos.

No que ande él mismo masacrando a la gente. no.
Él coge es a muchachos campesinos a la fuerza, los disfraza de soldaditos y les dice: mijo, usted va a ser paraco; usted va a ser guerrillero; usted va a ser soldado; y a matar se dijo: ya son varias generaciones de nuestros jóvenes sacrificadas en el altar de la guerra “por las instituciones”.
la guerra es la única fuente de empleo.
Todos los colombianos trabajan activamente en su propia masacre.

Y los periodistas han convencido a los colombianos de que estamos en una guerra legítima contra las drogas.
Que matar aborígenes campesinos colombianos es la solución al problema de drogadicción de los gringos.
Que los guerrilleros son malos: que matar guerrilleros es bueno.
que los soldados son héroes: que los cadáveres son la prueba.  sus resultados, positivos.  
Que los falsos positivos no estaban recogiendo café.
Que los paracos son un mal necesario, porque ellos sí pueden cortar gente con motosierra y masacrar pueblos enteros en una sola pasada.

En ningún momento los periodistas obedientes de Colombia han denunciado esta guerra estúpida, criminal, fraternal, genocida.
Esta farsa macabra en la que ya han despejado mucho territorio, asesinado muchas más personas de las que nos han contado.   desaparecido, torturado, desplazado … y ahora hasta nos están infestando deliberadamente con la peste.

Sin periodistas obedientes nada sería posible.

Y ya el patriarca, que lo sabe, los adquirió a todos.
Y también todas las universidades, y todo.
La única institución es él.

Por eso nadie lo denuncia.
Por eso le vendieron hasta el testamento de sangre que don PIZANO les confió a los periodistas obedientes, denunciándolo como su asesino: otro que dio su vida por nada.

Los periodistas obedientes se limitaron a denunciar enardecidos al fiscal del patriarca, al abogado del patriarca, que seguramente hizo todos esos torcidos para enriquecer al patrón a sus espaldas.
Ni una mención del patriarca en noticias uno, depositaria del testamento: sólo ríos y ríos de pauta de la institución patrialcal.
¡Y tumbaron al fiscal!, se ufanan: ya el patriarca lo remplazó por otro peor.
que muchas gracias.

Así como cuando queremos cambiar un presidente paraco.  
El patriarca nos impone otro igual de paraco, mediante fraude.
Ya van varias elecciones fraudulentas con el mismo software y la misma colaboración de los medios de propaganda.
«Pero chiquito el fraude», dicen los periodistas obedientes.

La pura verdad es que el patriarca se puso de güevón a lavar dólares en estados unidos y con eso lo tienen los gringos agarrado de las pelotas y amenazado de extradición.
Y por eso el patriarca, a cambio de impunidad, ni corto ni perezoso le entregó todo el país —gente y territorios—, al gringo europeo, cuya verdadera finalidad con esta guerra es apropiarse del negocio y producir él mismo su droga, en nuestra tierra.  Va ganando.

Por muchísimo menos los periodistas de Rwanda fueron juzgados por crímenes contra la humanidad, en la corte penal internacional.  pero ellos participaron en el genocidio de su pueblo de una manera bastante burda y cortoplacista.  por eso el mundo se aterró con la masacre.

En cambio el de los periodistas obedientes de Colombia es un fraude psicológico de largo aliento, discreto, perverso.

Hay otros periodistas denunciando a Álvaro Uribe, es cierto.
sí es muy matón y todo, pero no pasa de ser el jefe de sicarios del patriarca.

También es cierto que el espectador —que le dice violento a Petro y ganadero al ñeñe— publicó dos páginas llenas con letras chiquiticas de los nombres de los líderes sociales asesinados, contados: que no los olvidamos, dice… como si no los hubiéramos olvidado desde antes.
Tal vez espera llenar el álbum y que sean todas las páginas del periódico llenas, para espabilar y empezar a decirle a la gente la verdad.

Al patriarca nadie lo denuncia, todos le obedecen.

Menos GUSTAVO PETRO, el único líder que queda en pie.
resiste como un berraco.
No se entrega ni se vende ni se arrodilla.
ni le obedece al patriarca: quiere devolverle sus tierras a la gente despojada.
Es el único que alerta al pueblo y le explica que él tampoco tiene porqué obedecer.
¿Por qué tendríamos que obedecerle a una institución mafiosa que nos quiere exterminar?

¿Y a quién «denuncian» los periodistas obedientes?
pues a GUSTAVO PETRO, que es una de sus tareas cotidianas.
es al único que atacan: a la mafia asesina le lamben, le dicen institución y exigen respeto y obediencia para ella.

Iba a decir «¿pero por qué no se comen su mierda?», pero va y don Fidel no me publica por grosera.
Entonces sólo diré: ¡hágame el hijueputa favor! ¡Sinvergüenzas!» .  (sic) 

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Epicuro de Samos
Acerca de Epicuro de Samos
Un joven del común, preocupado por la situación económica, política y social de nuestro país. Activista político en redes, por el despertar de la conciencia colectiva de la sociedad colombiana. “Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven.” –Epicuro