MANIFIESTO DE UN HOMBRE AL FEMINISMO

ENTRE MI VIDA Y LA REALIDAD

Hace mucho tenía pensado en escribir algo sobre estos terrenos que nosotros como hombres arbitrariamente tomamos para opinar y enfundar una moral que históricamente no habla bien de nuestro proceso formativo a lo largo de la historia.

Quiero dejar claro que con esto no quiero quedar bien con nadie, ni sentirme parte del Movimiento Feminista, ni posar como alguien consciente, solo me respondo una pregunta que hoy debería ser parte de las identidades de estas nuevas ciudadanías que se están formando a la luz de posturas más liberales, pero con el riesgo de un libertinaje que anule una perspectiva de entendimiento como sociedad.

Tampoco me refiero a la acción mojigata de entender la palabra libertinaje, como un proceso coercitivo de impedir el desarrollo del pensamiento crítico y la libertad sobre los cuerpos, sino más bien en ese eterno asunto de no poder visionarnos sobre una construcción conjunta del respeto y el dialogo sobre las diferencias, incluso dentro de personas con mismas posturas ideológicas.

Ya aclarado esto ahora si voy al punto central de esta columna iniciando con experiencias personales, que me llevaron a tener una clara postura sobre el feminismo, a tratar de evidenciarlo desde diferentes rostros, momentos, espacios desde el ámbito social, histórico y también desde este presente que para una persona que tiene casi 33 años le es tan difícil entender por aquellos de que los saltos generacionales cada vez son más salvajes.

Imagen tomada de la página www.elmostrador.cl

Yo ubico el inicio de todo este proceso critico o autocritico por allá en el año 2017 cuando en mi ejercicio docente en la clase de competencias ciudadanas llegaba con grado noveno (trabajo en un colegio femenino) al tema de la lucha feminista a lo largo de la historia; para una de esas clases yo había preparado una introducción con un video de una situación que se suscitó en Argentina, donde unas mujeres en una playa en Necochea movilizaron a 20 efectivos de la policía porque estas tomaban el sol en Topless, procedí a preguntar que pensaban sobre dicha situación, la gran mayoría me dijo  que no estaban de acuerdo con el acto de las mujeres  y unas pocas que era un derecho que a las mujeres se les había negado, yo tuve una posición muy cómoda al decir que estaba de acuerdo con el reconocimiento a los derechos de las mujeres pero que ese no era el espacio ¿pero entonces cual era el espacio? En ese momento pensaba que la deconstrucción y la sororidad eran un cuento posmoderno y simbólico de estas “incomodas feministas de la tercera ola”. Como hombre conservaba esa visión egoísta de querer dar mi opinión en estos acontecimientos históricos y apoyado sobre una visión ególatra desde la academia donde pensaba que siempre y cuando se defendiera a la mujer desde los derechos humanos todo estaría bien y que estas mujeres que osaron desafiar el sistema impuesto con sus tetas al aire eran unas “provocadoras sin sentido” pero comenzaron a llegar otros momentos donde tuve una confrontación total con mi alter ego que se creía privilegiado en criticar y señalar prejuiciosamente la lucha femenina desde mis resoluciones superfluas.

Pero bueno en estos aspectos como muchos otros en la vida llegan esos procesos de aprendizaje donde uno se da cuenta que lo único que está haciendo es equivocarse.

Dentro de esos procesos de aprendizaje creo que hubo grandes maestras que me hicieron entender mi papel dentro de la lucha feminista, como también la cruel realidad, una combinación de factores que me llevó a desmontar mi orgullo y saber que efectivamente nosotros somos el problema, que hay una violencia específica contra la mujer y que los hombres siguen ese afán injustificado de participar en espacios que no les pertenecen.

Como hombres seguimos confundidos y pretendemos que nos pregunten si nuestra pareja quiere abortar, así toda la vida hubiésemos posado de muy progresistas y sostuviéramos que apoyábamos el aborto, que nos complazcan sexualmente cada vez que queramos solo porque llevamos muchos años de relación con nuestra pareja, que comprendan nuestros chistes “inofensivos” sobre las mujeres, todavía nos creemos muy liberales pero nuestro progresismo no nos alcanza para comprender que hay espacios solo para las mujeres en donde no tenemos injerencia alguna, no nos alcanza con todo y nuestras maestrías y doctorados para asumir la carga y el peso histórico de la lucha femenina.

Un día recuerdo me enojé mucho viendo un video también en Argentina y que también mostré a mis estudiantes de grado noveno, este trataba sobre el efecto que había causado la situación del despliegue policial en las playas de Necochea a nivel nacional más específicamente en la capital Buenos Aires algo a lo que ellas denominaron “el tetazo” y donde una parte de las manifestantes salió con sus pechos al aire, un periodista se acercó a un grupo de manifestantes, inmediatamente ellas lo increparon por su condición de ser hombre y dijo que no podía estar en ese espacio que estaban ocupando ellas, la indignación del comunicador fue total a pesar de que él hubiera expresado que estaba a favor de la lucha femenina, pero ellas siguieron firmes en su decisión.

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Al mostrarles esa pieza audiovisual a mis estudiantes les exprese con un asomo de inconformidad que se podía luchar por los derechos femeninos pero que no fueran tan radicales como ellas.

Pero hoy pensándolo bien ¿Por qué ellas no podían tener su espacio solo para mujeres dentro de la marcha? ¿Por qué tendría yo que decidir si son radicales o no? Puede que me incomode su forma de actuar, pero eso es un proceso interno, algo conmigo mismo pero que no tiene ni peso ni validez para ir a discutirlo con un colectivo que ha asumido una pelea tan difícil y que ha sufrido todo tipo de vejámenes, si es radical o no, si están de acuerdo o no es cuestión de ellas y como lo quieran asumir dentro del movimiento, un debate interno, donde no hay hombres.

Seguí promulgando en clase mis visiones erradas, mis intromisiones descaradas, creía enseñarles historia pero omitía que la historia no es solo aprenderla y transmitirla también es entenderla en muchos, pero muchos aspectos.

Creo que la luz del entendimiento comenzó a llegar con otras situaciones, pero también con mujeres que muy concretamente explicaban porque el hombre no se ha sabido deconstruir, una mujer en especial que no me conoce y muchos menos sabe de mi existencia aunque somos amigos en Facebook con su toque ácido y su crítica que para muchos puede resultar incomoda y chocante como lo fue para mí en principio me mostró el principio de un problema social tan grande que la realidad después se encargó de aclararme, el nombre de esta chica es Andrea Olaya politóloga y feminista de Medellín.

Yo personalmente a Andrea no la conozco, no he tratado con ella ni mucho he interactuado en los estados de ella en Facebook donde yo le comento y ella responde con un me gusta o un me divierte según sea la situación, pero con todo y esa lejanía quisiera agradecerle a ella el poder entrar en cuestionamientos y autocriticarme.

Un día Andrea publicaba algo referente a un hecho en México sobre los desmanes públicos provocados por varios grupos feministas en la capital, los medios de comunicación no lo bajaban de “Vandalismo” pero ella lo publicaba orgullosa y como un logro en la lucha de las mujeres, yo me sentí incomodo al ver su reacción, sentía que era prepotente, que no sabía de nada de la realidad, pero ´pues en ultimas no importaba es el perfil de ella y pues si lo publica ni modo no puedo atentar contra la libre, expresión pensaba yo. Pero el tiempo paradójicamente le fue dando la razón a su alegría en ese momento con tristezas, enojos e indignaciones eternas que ella como todas las mujeres les había tocado sufrir, cabe decir que al buscar por qué las mujeres mexicanas tomaron la decisión de atacar el bien público fue por un caso de violación por parte de 4 policías a una joven dentro de una patrulla en la ciudad de México, creo que ahí entendí, pero solo una parte porque seguía cuestionando otras cosas.

Mi discurso en clases con mis estudiantes comenzó a cambiar un poco y ahora les expresaba con más humildad que como hombre yo podía decir una cosa pero que en ultimas la verdadera lucha residía en ellas, aun así seguía creyendo que estaba en posición de cuestionar lo que ellas hacían o dejaban de hacer ya sea porque atentaron contra el bien público,  porque se pintaron las axilas,  porque su discurso a los hombres se volvía más agresivo etc. Mejor dicho seguía haciendo cuestionamientos enfrascado en mi lucha contra el sentirme excluido como hombre, también la de pensar que esos señalamientos de “violador” ,“misógino”, “machista” me afectaban.

Creo que de esta otra fase de aprendizaje estuvo a cargo no una persona, sino la realidad misma del país, del mundo.

Veía como la ola de mujeres asesinadas aumentaba, como crecían el número de mujeres accedidas sexualmente, agredidas y de casos impunes, todos cometidos por hombres, entonces ahí llega ese cuestionamiento donde pensé que ellas no nos señalaban a todos, pero lógicamente tampoco iban a especificar nombre por nombre a cada uno porque si era así, entonces eran un número muy muy grande.

Creo que el inicio de los golpes finales a mi ego fue cuando en Chile el colectivo feminista las tesis inicio con su performance de “el violador eres tú” se viralizo por el mundo. Yo en principio lo tomé como burla y me parecía hasta en cierta manera ridículo, lo cantaba despectivamente en mis reuniones, entre amigas y amigos, nadie me dijo nada tampoco, por lo que pensé que no había problema si lo hacía, decía que para justificar  la lucha feminista era necesaria pero que ese tipo de protesta no surtía efecto, otra vez errado, como no iba a tener efecto si se regó por todo el mundo, caí en razón, esa forma burlesca de cantarla, ese desdén no era porque lo que pensara estuviera bien, fue más bien debido a que el objetivo principal de dicho “performance” de incomodarnos pues sencillamente nos incomodó.

Poco a poco entendí del porque los micro machismos, se iba derrumbando mi castillo de naipes, mi prejuicio al Movimiento Feminista se iba quedando sin base sólida.

Creo que vine y muy tarde a entender totalmente esto cuando asesinaron en un pueblo de Caldas a una mujer de nombre Daniela Quiñones, estudiante universitaria muy joven que venía a pasar la cuarentena con su familia y que su pecado fue salir a departir con sus amigos, confiar en un hombre que se ofreció a llevarla a su casa, ser mujer y no querer tener sexo con alguien por el que no sentía atracción, para mí fue como un encuentro multidimensional con todas mis equivocaciones, descubrí que no era ni tan liberal ni tan comprensivo, que incurría en machismos y que aprovechaba mi privilegio de ser hombre, de que muchas veces quise intentar besar a varias mujeres que aunque me rechazaban tenían que lidiar con mis intentos desesperados de querer hacerlo, que después de eso me justificaba diciendo que como no la había forzado ni violentado pues no había problema, o también las veces que quise tener sexo con muchas otras hasta el punto de volverme empalagoso o hasta enojarme, comprendí que el hecho de que ellas nos criticaran hace parte de una pesada carga que históricamente les ha tocado soportar, como también a nuestras madres, a nuestras abuelas, a todas las mujeres a lo largo de la historia, imaginarme el cuerpo de Daniela Quiñones desnudo en el Río Cauca, golpeada, ultrajada, llevó a entender que era hora de asumir otro rol.

Hoy, dos de agosto de dos mil veinte, siendo casi las once de la noche, quiero estampar mi posición y no es otra que simplemente decir que tienen razón, que como hombre también y a cada instante replico micromachismos, que tengo miles de errores.

Ustedes tenían razón, porque sin querer incomodé a muchas mujeres por querer imponer mi criterio que venía desde mi masculinidad y lo disfrazaba de concertación, que si quieren hacer una escuela feminista para hombres allá me les aparezco solo para que me enseñen como poder respetarlas.

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Estoy totalmente de acuerdo en que nosotros solo podemos ser aliados mas no parte, que tenemos que seguir evolucionando como género y darnos a la tarea de entender más lo que ustedes quieren.

Les quiero decir por último que si me incomodan cosas de ustedes pues no le presten importancia igual no creo que lo hagan, si hay diferencias conceptuales entre ustedes, ustedes mismas las resolverán.

Que no me gusta el lenguaje incluyente ni el uso de la x, ni el todes ni nada por el estilo, pero si me enseñaron a utilizar el ellas y el ellos y si alguna vez ustedes ganan la lucha contra la RAE y ellos terminan incluyendo esas palabras en su diccionario pues felicitaciones otro triunfo más para su historia, ya buscaré otras palabras para o tener que usar esas.

Por mi parte ayudaré cuando lo necesiten desde mi ciudadanía, desde mis alteridades, desde esos procesos de aprendizaje.

Es su historia de lucha y ustedes mismas las seguirán marcando desde sus triunfos porque en ultimas mi postura no importa y creo que no importará.

Movimiento Naranja Eje Cafetero. 

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