Matarife. Temporada 1. Capítulo 2.

Por: Elsy Rosas Crespo

(@ensayista2020)

Su deber, su obligación, su responsabilidad, su tarea, consiste en hablar, y no tiene derecho a sustraerse de esa misión… Ha recibido del dios la función de interpelar a los hombres, tomarlos por el brazo, hacerles preguntas. Una tarea que él no abandonará. Aún amenazado de muerte, la cumplirá hasta el final, hasta su último suspiro.

Michel Foucault, en El coraje de la verdad

El capítulo 1 de Matarife dio mucho de qué hablar durante una semana, hasta que apareció el capitulo 2 que es mucho más contundente y probablemente no será tan “polémico” como el anterior porque se concentra de manera directa en Alvaro Uribe Vélez y hace pensar en la Parrhesía:

Dice Foucault en su texto clásico: “El parresiasta dice las cosas lo más clara, lo más directamente posible, sin ningún disfraz, sin ningún adorno retórico, de modo que sus palabras pueden admitir de inmediato un valor prescriptivo. El parresiasta no deja nada librado a la interpretación. Es cierto, deja algo por hacer: deposita en aquel a quien se dirige la dura tarea de tener el coraje de aceptar esa verdad, de reconocerla y hacer de ella un principio de conducta”.

Esa Verdad va dirigida a Alvaro Uribe Vélez y también a sus admiradores y detractores. Quien emite el discurso sabe que pone en riesgo su vida pero para él, para Daniel Mendoza en este caso, es más importante la verdad y con el segundo capítulo quedó bien claro que no tiene miedo de emitir su discurso y asume que en cualquier momento lo pueden matar.

Algunas personas lamentan que no haya información nueva, que no se diga nada que no sepamos en este segundo episodio. El mérito aquí es que toda la responsabilidad recae sobre  Uribe y el actual senador deja de ser Furibe, el innombrable, el narcoparaterrorista, el cáncer de Colombia y pasa a ser un genocida visto a la luz de la teoría de Claux Roxin y la doctrina jurídica de los aparatos organizados de poder:

Dice el narrador que es el propio Daniel Mendoza:

“Muchos genocidas alrededor del mundo han sido juzgados y condenados por crímenes de lesa humanidad, la gran mayoría de ellos, como en la Alemania nazi y en la dictadura militar argentina, no fueron ordenados por sus subalternos y tampoco fueron ellos los encargados de aplicar las torturas o apretar los gatillos pero sí eran los miembros de las juntas directivas y los principales accionistas  de aquellas fábricas homicidas que pusieron a andar. Esta teoría sustenta la cuantiosa pena que merece el principal protagonista de nuestra historia, quien debe ser condenado por las miles de muertes  generadas por la corporación criminal fundada en asocio con el cartel de Medellín, el paramilitarismo y los grandes terratenientes colombianos… Ese hombre estructuró e ideó una organización dentro del marco estatal que hasta el día de hoy continúa operando, a la que le dictó claras políticas homicidas que continúan causando la muerte de millones de civiles inocentes y que tiene una mapa definido de poder. Estructurados jerárquicamente desde sus inicios en el que todos los que lo conforman habrían podido ser reemplazados por otros, desde los sicarios que abaleaban políticos de izquierda, periodistas o sindicalistas, hasta los coroneles del ejército y los comandantes paramilitares que planeaban y ejecutaban las masacres. El único ser esencial en todo el organigrama, el único que desde siempre ha tenido el dominio de los hechos en su mano, el hombre que desde atrás de su escritorio ha dictado los parámetros del comportamiento homicida de agentes estatales en coordinación con bandas criminales, paramilitares y narcotraficantes es el hoy senador y expresidente Alvaro Urive Vélez”.

El relato es, de principio a fin claro, preciso y contundente y mientras oímos este texto al que no le sobra ninguna palabra contemplamos imágenes que confirman ese discurso y a pesar de que en Colombia casi todos conocemos esos hechos porque han sido ampliamente documentados esta nueva forma de decirlo nos pone los pelos de punta porque constatamos que Colombia entera le teme a Alvaro Uribe Vélez.

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Epicuro de Samos
Acerca de Epicuro de Samos
Un joven del común, preocupado por la situación económica, política y social de nuestro país. Activista político en redes, por el despertar de la conciencia colectiva de la sociedad colombiana. “Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven.” –Epicuro