Mi revolución

 Levantarse cada día con una noticia devastadora en un país como Colombia nos llega a quitar el aliento y las ganas de luchar, estamos cada vez como sociedad más vulnerables y a merced de nuestros gobernantes los cuales han logrado invertir la pirámide de poder, que en una democracia real debería estar en la basta base popular, pero que en nuestra república parlamentaria mal-llamada democracia se concentra en los cargos burocráticos que desangran los recursos públicos.

Y bien, no intento llevar las cosas al ámbito personal o servir de ejemplo ya que considero soy un colombiano más de los muchos que en el trasegar diario nos vemos afectados por las decisiones de gobiernos a espaldas de su gente. La cosa se complica aún más cuando a todo esto le sumamos un escenario apocalíptico de pandemia que nos agarró en las peores circunstancias.

Siendo uno de los países donde más concentrados están los recursos y donde los últimos gobiernos (todos proclives a la derecha) han cercenado los derechos para hacerlos privados, pese a que la constitución los señala incluso el mayor de ellos, el derecho a la vida, se vulnera en el día a día sin que nada suceda.

Es necesaria pues una revolución, un despertar de esa conciencia de clase adormilada por años, que nos ha hecho elegir una y otra vez a nuestros verdugos, se hace fundamental restablecer lo que desde aquel discurso capitalista nos arrebataron, nuestros derechos. Pero, si las vías de hecho solamente nos pondrán más en riesgo tomando en cuenta la situación actual.

Allí aún hay espacio para una pequeña revolución individual que parte desde nuestros hábitos de consumo, aquellos que desde esa libertad de mercado que tanto defienden en sus discursos volátiles aun no controlan, desde ese espacio se puede generar un importante impacto.

Dejar de consumir bebidas azucaradas aparte de ser una práctica saludaba golpearía el mercado de uno de los grandes conglomerados económicos que han metido las manos en la política para beneficio propio, quitando este hábito de nuestras vidas no solo mejoraría nuestra salud, sino que restaríamos parte de esa fuerza económica que ha sido financiadora de nuestra desgracia, y si a esto le sumamos el no consumir lo que sus medios de comunicación nos ofertan, pues ¡aún mejor!

Ser mas consientes a la hora de invertir y gastar nuestro dinero nos ayudaría a impulsar diferentes oferentes que no sean parte de los mismos “dueños del país” si bien, es entendible que muchos colombianos no tienen esa “libertad” de consumo que a veces defienden, los que si podemos romper el monopolio debemos apostar a mejorar nuestros hábitos en favor de lo que queremos como sociedad.

La invitación a que cada uno de nosotros, los que entendemos que el país necesita un cambio real, queda extendida, demos nuestra propia y pequeña revolución, hagámonos consumidores más consientes, y no financiemos a través de nuestras propias decisiones de compra a quienes nos tienen viviendo mal.

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González Villanueva
Acerca de González Villanueva
estudiante de 11 semestre administración de empresas, idealista, critico y sencillo abierto de mente, reservado y serio. Amo el agua