¡No solo es cuestión de fe!

Quedará para la historia que un pueblo fue masacrado

Por: Andrés A. Reinosa González

Para todos aquellos que pensamos país, el 28 de abril, fue un día donde inicia la presión social, también la visión de pueblo que buscaba luchar contra la terquedad de un Gobierno que no comprende las condiciones y necesidades del país que gobierna, por ello, sabríamos que no sería fácil y se tendría que sortear con tretas que generarían miedo entre los marchantes.

Con el paso de los días se vio por primera vez en mi historia de vida, un movimiento social constante y solido que parecía no quebrantarse y como tal no lo ha hecho; es de admirar la tenacidad de los jóvenes que día a día han hecho frente a un sinnúmero de abusos que hoy representan instituciones como la Policía y el Ejército.

Ya se nos ha hecho común temerle a la policía, saber que los capturados puede no regresar, que los uniformados salen sin ningún tipo de identificación más allá de su uniforme, que dispararán, aunque no existan motivos, que muchos perderán sus vidas en las calles, serán llorados por un país consciente y que sus familias enfrentarán un calvario espinoso, tratando de demostrar ante la opinión pública, que su hijo no era un criminal, como se le acusa.

Siento que la institucionalidad de este país, ha caído tan bajo que ya no trata de disimular los abusos que perpetra cada día de marchas, pero como inicialmente decía, se gobierna un país que no se conoce, pero al parecer, somos “cuidados” por una Policía que no nos cuida, que por el contrario nos vulnera, intimida y tortura.

Me llena de impotencia ver las ciudades convertidas en campos de batalla, jóvenes corriendo, huyendo de la policía, mientras estos les persiguen con pistola en mano, miembros del escuadrón del ESMAD, disparando con la escopeta para lanzar gases al cuerpo o la cabeza de quienes corren, entonces, podría decirse que los ojos perdidos en las marchas, no son hechos desafortunados y muchos menos hechos aislados, son prácticas sistemáticas de disparo por parte de los miembros de este escuadrón.

Lo peor de todo lo antes mencionado es que el gobierno en persona de Iván Duque siempre sale al respaldo y la justificación de los abusadores, incluso en el año 2019 da una cachetada simbólica a todo el país, visitando un CAI mientras portaba una chaqueta distintiva de los miembros de dicha institución.

Creo que al final, no se trata de una prueba de fe, de creer en un Gobierno que tranquilamente ha demostrado que es mucho más importante su programa de las 6, donde se otorga grandes logros, que no tiene, donde lleva invitados como si se tratara de un talk show, como Laura en América, Chistina u otro tipo de programa de entretenimiento, pero cabe recordarle, que se está hablando de la suerte de un pueblo en medio de una pandemia y que por más que trate de mostrar una cara de progreso su Gobierno nos ha llevado al retroceso.

Y no, no se trata de creer ciegamente en la Policía, decir a boca llena que nos cuidan; quedará para la historia que un pueblo fue masacrado y que los gobernadores, alcaldes y congresistas, en su gran mayoría, prefirieron callar y mostrarse solidarios con las decisiones de un gobierno que decide militarizar ciudades enteras, donde al final sabíamos y temíamos, porque el derramamiento de sangre sería mucho peor.

Y duele ver como ante los ojos y las cámaras de celulares abren fuego como si nada pasara, y es claro que la final nada pasará; duele porque parece que el sueño de muchos estaría lejos de realizarse, duele, porque tendremos que convivir con una institución en la que no confiamos, que tememos y que parece no va a cambiar.

Se necesita urgente una reforma a la Policía, no solo en su preparación puesto que cuestiono la cordura de los miembros de esta institución que al encontrar un joven acorralado, canta en tono sarcástico “resistencia, resistencia”, mientras toma impulso para patearlo en el pecho, enviándolo contra una pared y al verlo tendido sale como si nada hubiese pasado, se dirige a su motocicleta y continúa su camino de vejámenes.

Que para dejar pasar a una mujer le digan, parafraseando «déjese hacer lo que yo quiera y pasa«, que amenazan de muerte, todo lo anterior me lleva a preguntarme qué tipo de entrenamiento puede tener alguien que al parecer está cargado de odio que materializa por medio de la violencia; pero que responde a la mentalidad bélica y quizás enferma de algunos colombianos que respaldan el abuso.

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