OBITUARIO EN LA POBREZA

Por: Ayleen Carolina Macías Bueno

Estoy encendiendo una vela por Deiner, él y yo compartimos el sino de la pobreza y hoy hago un triste homenaje a mi amigo que murió huyendo del hambre en Tasajera.

El negocio familiar, ese que nos ha mantenido desde siempre, es el de hacer dulces; este oficio que hemos amado y dignamente lo hemos ejercido. Pero hemos sido insuficientes personas en la casa y mi papá siempre ha tenido que contratar ayudantes. Uno de ellos, que trabajo con nosotros durante 10 años fue Deiner Alberto Samper Miranda. El tenía 39 años, era un hombre de mediana estatura, de faz india con su piel bien oscura, tenía un diente de plata o platino y una actitud tan alegre. A veces mi papá se ponía bravo porque sin avisar no iba a trabajar a la casa porque había subienda de camarón y eso le daba más dinero, aunque decir más es hasta irónico, pero era tanta su alegría y era tan pleno de la gracias costeña que esa rabia no duraba mucho, con que mi padre posara el brazo en el hombro y decirle «hombre al menos avise» con eso se solucionaba todo.

El empezó a trabajar en nuestra fábrica familiar de dulces hace 20 años, llegó a Barranquilla desplazado de una masacre paramilitar en Pueblo Nuevo en donde le mataron un hermano. A veces después de almorzar lo que yo le preparaba, pues en ocasiones era una de mis tareas en este trabajo familiar, lo veía con su mirada sin rumbo, reflexiono hoy sí no pensaba en ese hermano del cual contaba mil aventuras graciosas que ayudaban a menguar la tristeza de su perdida. Deiner empacaba, chuzaba los dulces, los moldaba, hacia los mandados y compraba a los proveedores como lo hacíamos todos en este oficio; Pero Deiner era fundamental, porque gracias a su ayuda mis hermanas y yo pudimos ausentarnos del trabajo, ir a la Universidad y tomar nuestro propio camino.

Con el tiempo le dijo a mi papá que quería montar su fábrica de dulces, pero que lo haría en Santa Marta, mi papá y un tío le regalaron cositas. Le ayudamos a montarla, no nos sentimos tristes porque siempre o nos visitaba o lo llamábamos o nos llamaba.

Supimos que encontró el amor en Tasajera, por eso fue a vivir allá, nunca tuvo hijos, pero hacíamos chistes de los entenados, los hijos de su pareja eran mayores que él; no se achantaba, hacía más chistes que nosotros, con su gracia peculiar y esas carcajadas dónde hacia brillar ese diente de plata.

Hace dos semanas llamó a un tío para que le ayudara a recoger las cosas de Santa Marta para montar la fábrica en Tasajera, pues allá estaba pasando la cuarentena y ya no tenía con que comer, estaba desesperado. Al final mi tío no pudo ayudarlo.

Con horror tuve que verle en esa terrible imagen del carro tanque incendiándose, Él fue uno de los que se veían en la camioneta blanca, el que aparecía inclinado, confié en que, a pesar de lo terrible de sus heridas, saldría adelante, siempre ha sido un sobreviviente. Fue muy doloroso verle, fue sentir atravesar su sufrimiento desde mis ojos a mi pecho, pero más triste fue ver los comentarios elitistas, racistas y macabros de la gente insensible por las redes sociales, que simplemente se burlaban o celebraban lo acontecido.

Acabo de recibir la llamada que no quería, Deiner falleció en Valledupar, todos estos días rogábamos que se salvara. Pero no. Hoy sufro y entiendo que entre el pueblo nos podemos ayudar, pero de este gobierno lleno de una casta insensible que se alimenta de nuestra pobreza no van a nacer las políticas necesarias para que esto cambie.

Tasajera es ese lugar de pobreza extrema que se omite porque los carros o los buses aumentan la velocidad para hacernos ciegos y no darnos cuenta que es lo que realmente pasa en este país. La  condición de hambre de sus habitantes fue tal, que su desesperación los llevo a subirse a tomar unas pimpinas de combustible de un camión accidentado, en busca de unos cuantos pesos para lograr calmarla momentáneamente, pero en vez de eso la parca los tomo por sorpresa. Es el típico castigo macabro que nos ofrece la pobreza. Debemos ser conscientes de lo que nos está pasando a la mayoría de la población colombiana, no podemos seguir esperando estas noticias para obtener un poco de conciencia. La muerte de Deiner y los demás pobladores de Tasajera sólo se reivindica en nuestra firme decisión de hacer de este país un lugar de solidaridades y de compromisos claros para superar las condiciones inhumanas en los que siglos de mal gobierno nos tienen condenados.

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