Paz VS guerra, algo ilógico

Dedicado a las familias de policías y militares de Colombia.

…ellos, aunque parezca ilógico, preferían que siguiera el conflicto a que este acabara, se les olvidaba que las balas se disparan en ambos sentidos y los muertos caen de ambos lados…

En plenas elecciones presidenciales de 2018 aunque parezca ilógico a los policías y militares, a sus familias, se les puso a escoger entre una paz estable como se venía presentando con grandes avances, tanto así que por primera vez en la historia de Colombia el hospital militar no tenía ni un solo paciente en sus salas, se logró el desminado de más del 90% del territorio, la repoblación del sector rural, la restitución de tierras, certificación y adjudicación de estás a campesinos, avances en procesos de reincorporación a la vida civil eficazmente de más del 80% de los desmovilizados que a la fecha se mantiene según el Instituto Kroc, entre otros beneficios directos a las comunidades que vivían de cerca este flagelo de la guerra.

Aunque parezca ilógico, se sintieron ellos y sus familias ofendidos por las propuestas de educarlos, de profesionalizarnos, de darles dignidad y sentido a su vocación, de premiarlos por tantos sacrificios y entrega a la patria, aunque parezca ilógico, prefirieron apoyar bajo sus condiciones de adoctrinamiento heroica, la guerra. En su discurso que se hizo público, se sentía un aire de revancha, de dolor, de rencor por el daño ocasionado, que para nada querían dejar ir, como lo dijo en su discurso el entonces senador Álvaro Uribe, «yo prefiero ver 80 veces al guerrillero en armas», prefirieron el conflicto a que este acabara, se les olvidaba que las balas se disparan en ambos sentidos y los muertos caen de ambos lados, se les olvidó el dolor sufrido por miles de familias como las suyas que tuvieron que enterrar a sus seres queridos.

Se colocó a escoger bajo un mecanismo de refrendación  la aprobación de los acuerdos de paz con la guerrilla más antigua del mundo o volver a las armas y aunque parezca ilógico en el país del sagrado corazón de Jesús, gano el  no, ganó el acabar los acuerdos de dejamiento de armas, todo por discursos acomodado, el discurso del URIBISMO, hoy dueños del poder, el discurso de la no impunidad, colocando la vida de ciento de policías y militares en una bandeja de plata como sacrificó a qué esta impunidad no se hiciera efectiva, mejor más sangre que paz con impunidad, al final no es la sangre de ellos ni la de sus familias.

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Ellos los que se hacen llamar Uribistas, los que nos gobiernan, cuelgan en sus redes y mantienen un discurso veintejuliero llamando a nuestra fuerza pública héroes, cuelgan las fotos con sus rostros pálidos como si fueran trofeos, se mofan del dolor ajeno de familias pobres que regalan sus hijos al estado en búsqueda de alguna estabilidad económica que la falta de oportunidades les ha arrebatado. El negocio de ellos es la guerra, pero en pieles ajenas, en corazones jóvenes y de las entrañas de familias necesitadas.

Lo ilógico de todo es que estás personas atropelladas por la vida, por una institución, por el estado y finalmente por la sociedad, terminaron aceptando y acogiendo este discurso, y lo peor, promoviéndolo, como consecuencia de eso, ganó la guerra, ganó el rencor enquistado por tanto dolor, por vivir y nacer en la guerra, al final, era de esperarse, eso es lo único que conocemos como país.

Cómo consecuencia de creer que con más armas y más SEGURIDAD DEMOCRÁTICA se lograría el anhelado cambio, que con más sangre se lavaría la sangre derramada y los héroes caídos, se volvieron a llenar los hospitales y clínicas de policías y militares moribundos, mal heridos, mutilados o muertos, aunque parezca ilógico volvieron los carros bombas, los atentados, el plan pistola, los hostigamientos, las tomas guerrilleras y paramilitares, se incrementaron las BACRIM, la delincuencia común y el narcotráfico es el pan de cada día. Volvió la guerra, y volvió a recordarnos que en ella se sufre desde los dos bandos, que es una espada de doble filo, que no distingue color, raza o creencias, llegó y si no hacemos nada para cambiarla se quedará por muchos años más; Nosotros seguiremos llorando a nuestros padres, hermanos, hijos y amigos mientras ellos siguen con sus escoltas y camionetas blindadas, con grandes salarios, ellos brindados hasta los dientes de garantías, son casi imposible de tocar y mucho menos de afectar.

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La guerra no es de ellos, la guerra es entre nosotros, usted verá si sigue apoyándola y seguimos sumando féretros cubiertos con la bandera, o buscamos el camino del perdón, la reconciliación y sobre todo de la verdad, esa verdad que nos da la oportunidad de volver a empezar, que nos hace libre, ellos le temen a la verdad, tienen sus manos empapadas de la sangre inocente de nuestro pueblo. Como colombianos estamos a las puertas de una nueva oportunidad de cambio, está en tus manos ser lógico, ponerle el más común de los sentidos y apostarle por los tuyos y los míos a la paz.

Autor: Daniel Montes (activista político y de derechos humanos).

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