¿QUÉ ES LA ESCUELA Y PARA QUÉ SIRVE?

La escuela debe brindar los elementos necesarios para convertirse en una autentico demócrata

Por: Humberto Jiménez Galindo

“¿Que es por lo tanto la sabiduría?

La mesura. Responde Carmides.

–No. Responde Sócrates, porque la sabiduría es inseparable de la belleza, y no es bello andar, leer, aprender, tocar la lira, luchar, deliberar y hacer cualquier otra cosa con mesura, es decir, con lentitud.”

Este aparte, expresado en uno de los diálogos de Platón, Carmides, nos permite la reflexión y pretende hacer entender como se ha desdibujado el saber desde nuestros antepasados hasta estos tiempos, lamentablemente hoy, se invalida la capacidad de pensar y se coarta la posibilidad de llegar realmente a entender la función de la escuela en esta pretensión, convirtiéndola tristemente en una repetidora social, hecho fácilmente comprobable al conocer los dominadores políticos de nuestro país, desde el inicio de la madre patria.

Con asombro hemos leído, los apuntes aportados por la prensa, sobre un proyecto de ley, presentado por un representante de apellido Rodríguez, dicho sea de paso, totalmente invalido en el contexto de la democracia, esa misma que nos permite establecer nuestra posición al respecto, en calidad de ciudadanos y maestros en ejercicio, en contra de estas ideas dictatoriales y perseguidoras del magisterio, por considerarla manipuladora de una supuesta realidad, inexistente sobremanera.

Se dice, según la prensa, que dicha norma conlleva a brindar herramientas jurídicas a los estudiantes, para defenderse de los maestros que  pretendan llevarlos por los caminos del entendimiento de la política y sus partidos, (no alcanzamos a  entender porque debe uno defenderse del aprendizaje) ya que ellos tienen derecho a escoger su propia ideología ya sea  de derecha o de izquierda, nos es confuso entenderlo, si en realidad las mafias politiqueras son más efectivas en la enseñanza para la compra y venta  de votos, que la propia escuela en la formación política de los estudiantes.

La gran pregunta que se genera es, si más allá de las ya evidenciadas limitaciones formativas de la escuela, se le restringe el libre discurso al maestro ¿cómo se escoge sobre lo que no se conoce? ¿Quién entonces formara políticamente a nuestros ciudadanos, la prensa? Esa, imparcial y ecuánime que tenemos.

Quizás, muy probablemente, esta idea de reforma jurídica, subyace en la temerosa situación que afrontan en el momento, la gran mayoría de los dirigentes de nuestro país, expuestos de manera innegable sin la irrupción del pueblo, por la crisis que un virus nos ha hecho vivir, donde se evidencio su incapacidad para cumplir con sus obligaciones de satisfacer las necesidades básicas y de protección, razón por la cual fueron elegidos. Si la motivación a estas ideas de reforma, es el miedo a perder el poder que han tenido por siempre, podemos entenderlo perfectamente.

La escuela es un estamento del estado, que tiene como propósito la socialización de los niños y jóvenes, lo que significa formarlos para entender las dinámicas sociales en las que conviven, aprendiendo a respetar las reglas que para tal fin se establecen en la condición de humanidad. No obstante, esto significa que, la escuela debe brindar los elementos necesarios para convertirse en una autentico demócrata, para lo cual se debe estudiar sin “mesura”, la realidad social y política del país, los ideales partidistas, las leyes que se formulan o pretenden aprobar, la coherencia de los elegidos a representarnos, los resultados de su función pública, la prevalencia de derechos ciudadanos, laborales y políticos.

Todos en una democracia, somos actores políticos, seamos conscientes o no de este hecho, la escuela está llamada a sacarnos de ese estado de inconsciencia, a convertirnos en subvertidores de esa realidad, con propósitos de equilibrio y justicia social. La escuela debe pretender, la formación de los nuevos líderes del país, resurgidos desde cualquier resquicio geográfico y no de una misma clase o familia, que pretenda hacer del poder un tornado eterno, ya que se infringiría la democracia por la despreciada dictadura, que no tiene lados, solo enfermos de poder.

El gran infortunio de este país, han sido sus infinitas guerras, aquellas que se esconden en la falacia de una falsa democracia, que asesina a los líderes que han sido tocados por la escuela, esa que busca formar para que pretendan el equilibrio y la justicia social. Esas guerras que nos han socavado desde siempre, no obstante, lo planteaba Bolívar en la carta de Jamaica

“porque el destino de las guerras civiles formadas generalmente entre partidos: Conservadores y reformadores. Los primeros son, por lo común, más numerosos, porque el imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia a las potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos, aunque vehementes e ilustrados.”

cuánta razón Libertador en sus palabras.

Hoy, un eminente representante, somete a juicio la libertad, esa que se pregona en la democracia y se infringe con estas ideas, pero que son propias de las dictaduras, y cuya diferencia debe aprenderse en la escuela, la del sector oficial o aquellas donde se educan los que dan continuidad al círculo de poder, que ha existido durante más de doscientos años, a quienes al parecer, se les enseña además, a usufructuar las arcas del estado y a encontrar formas de convertir las sillas del poder político y legislativo, en heredables, sometiendo a las mayorías a sus intereses familiares por encima del bienestar del pueblo.

Hoy, se le dice a la escuela, esa que en realidad ha estado oprimida por los currículos estatales, traduciendo sus ideologías, que no debe formar políticamente a los nuevos ciudadanos, hecho risible sobre manera, porque a la fecha, no se evidencia realidades de ese supuesto trabajo, más allá, de generar algunas mentes capaces de recrear realidades sociales y políticas diferentes, que en su mayoría han perecido por las guerras encubiertas de una supuesta democracia, ya que no permite la libertad de pensar, hablar y actuar diferente sin convertirse en el blanco de un bala.

Quitarle al ciudadano una escuela libre de pensamiento, es un lapo a la democracia, esa que nos venden en un país constituido por tres poderes y un solo señor, una escuela que no puede generar críticas, no es más que un centro de adoctrinamiento propio de cualquier dictadura. Un maestro que se limita en su pensamiento y hace lo propio con sus estudiantes, es una abominación del conocimiento y la enseñanza, es la muestra más inapropiada de progreso social y constitución de la democracia.

Por ello, sentamos nuestra voz de protesta ante estas ideas dictatoriales en nuestro sistema de gobierno, inaceptables. Esperamos, solo sea la idea loca de un representante atribulado entre órdenes y deberes constitucionales, debidamente rechazada por una cámara elegida en democracia para salvaguardar la democracia, consciente de la defensa del bien más preciado de la misma, la libertad.

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