QUIEN MATO A LOS 5

Por: Mauro Saul Sánchez

Juan Manuel Montaño de 15 años, Jair Andrés Cortes de 14 años, Jean Paul Perlaza de 15 años, Leyder Cárdenas de 15 años, Álvaro José Caicedo de 14 años; Cinco nombres que en un abrir y cerrar de ojos pasaran a ser solo cifras en una larga lista de horripilantes sucesos que a diario suceden en Colombia. Esos nombres en poco tiempo la enfermedad del olvido los borrará completamente de nuestra memoria y solo sus familias cargarán la tortura y el dolor de hacer el duelo en silencio.

Acaba de pasar una semana negra para la juventud en Colombia. Curiosamente en la misma semana que se conmemora en su nombre. Las balas, las torturas, la sangre y las lagrimas fueron el factor común en el actuar que cegaron además la vida de dos menores en límites del Cauca y Nariño que iban caminando a su escuela por los paramilitares de las Autodefensas Gaitanistas. Cristian Caicedo y Maicol Ibarra jamás podrán entregar su tarea. Allí los mataron por sevicia. Allí los asesinos actuaron para crear terror.

A Luis Álvarez de 17 años le amputaron su brazo izquierdo. Su delito: ser homosexual. Su agresor, otro menor de edad homofóbico lo atacó con un machete en Sincelejo. Una muestra mas de la sociedad goda y arcaica, que condena al gay a vivir en la penumbra pero que aplaude al asesino cuando mata en nombre de la patria.

Esta semana que se fue y que esperamos no vuelva, debe servir para concluir claramente una cosa: ¡Este país debemos cambiarlo ya! Y debemos empezar por nosotros mismo: no tolerar bajo ningún pretexto la violencia, verbal o física que conduzca a la eliminación del otro. Debemos repudiar tajantemente la corrupción pública y privada, la cultura del vivo, el aplauso al traqueto. Es fundamental reformar moralmente el país, que los maestros vuelvan a ser vistos con respeto, que la fuerza pública bajo ningún parámetro tolere acciones nefastas como las violaciones a menores y, mucho menos, partícipes de crímenes de lesa humanidad como desapariciones forzosas y falsos positivos. De ahora en adelante debemos levantar de las cenizas un sentido mas humano que nos permita convivir a pesar de nuestras diferencias de raza, orientación sexual, filiación política, gusto musical o futbolístico. Desarmar el lenguaje es crucial para tender los puentes que faciliten tejer un mundo armonioso donde ni por las curvas se vuelvan a presentar noticias que destruyen el alma como estas.

No desistir en la búsqueda de una sociedad justa hace grande esta lucha. Pero una sola golondrina no llama lluvia. Hay que unir las manos y actuar ya mismo. Un día perdido significan muertes y tortura. No podemos darnos mas ese lujo en Colombia.

A los jóvenes de Cali los mató el odio y el “importaculismo” que son tendencia hoy en día. A los jóvenes los mató el abandono, que los obligó a salir corriendo para vivir en los suburbios, hoy profundos cinturones de pobreza. A los jóvenes los mató la guerra que no hemos podido superar en Colombia, porque mientras haya niños escarbando la basura buscando que comer, en Colombia siempre habrá violencia. A los jóvenes de Cali los mató el olvido colectivo. No matemos más jóvenes, cuidémonos.

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