Respuesta a Vicky, “la sicaria”

Esa fue la tendencia que emergió espontáneamente en redes sociales luego de la columna semanal de Vicky Dávila, en la que acusa a los twiteros que la critican de “sicarios morales”. “La banda del pajarito”, la tituló. Se fijó en el aspecto físico de sus críticos, barbudos, sucios, tatuados, como si estas características importasen a la hora del debate, como si fuesen más relevantes que las discusiones en sí. Una grosera falacia ad hominem: atacar al denunciante y no a la denuncia, atacar el físico de las personas y no sus ideas.  De ese nivel de argumentación es el “periodismo” privado en Colombia, pues Vicky es tan solo una representación de este, en su inmensa mayoría.

Vicky siempre ha estado al lado y al mando del establecimiento, es la gran sombrilla en la que se encubren y sobre la que se cobija el establecimiento corrupto que desde su popularidad ha crecido, no en ética, desde luego, sino en fama, mala, pero fama en todo caso, y la fama vende, y eso es lo que le interesa a la prensa privada, el dinero. Vicky ha pasado por casi todas las casas periodísticas de propiedad de los grandes millonarios del país: RCN, Semana, La W, La FM; en fin, Vicky nunca ha hecho periodismo alternativo -como al que ahora ataca-, y la vez que intentó hacerlo -luego de que la echaran de RCN- ¡fue un fiasco!.

La señora de Gnecco llama banda del pajarito a un grupo de jóvenes que no le creen, que se informan y que la ponen en evidencia. Tan curioso como cursi y descarado es el nombre con el bautiza su más reciente escrito, pues, así Vicky no entienda de semiótica en su fueros internos, Las bandas de pajaritos y el sicariato están más relacionadas con ella que con los sectores juveniles a quienes les endilga semejante denuesto. Así es, aunque a Vicky le duela reconocerlo, quien está familiarmente ligada con un señor acusado de paramilitar es ella. Su suegro.

¿Pájaros?

pues ese fue el primer nombre de los grupos paramilitares en Colombia, por allá en la primera mitad del siglo pasado. Eso no lo tiene en cuenta, porque con su análisis sesgado y tan profundo como una charca, sabe que al tratar el tema inmiscuiría a la familia de su esposo.

Los Pájaros eran sicarios que degollaron miles de personas bajo la bandera de la preservación del Statu Quo, el mismo que Vicky encubre y defiende, no desde el sonar de los revólveres, escopetas o machetes de aquellos asesinos de antaño sino desde el de sus micrófonos.

¿Banda?

¿Qué más banda que la de aquellos genocidas? ¿Qué más bandas que la de la corrupción y la del Narco paramilitarismo a las que abre gustosa sus cabinas de transmisión para perfumar ante la opinión pública su pestilencia?

¿Sicarios?

Sicarios de micrófono como lo es ella y muchos de sus colegas que matan moralmente a sus críticos; ese conjunto de indignos lameculos de los poderosos, que costean su vida a punta de mentir, tergiversar, manipular la información y ocultar la hedionda impunidad de los más grandes genocidas que ha parido este suelo, llevados solo por el placer de la orgía de billetes manchados con la sangre de sus compatriotas de la que participan lujuriosos ¿Quién es la sicaría entonces, señora Vicky de Gnecco? ¿Por qué mejor no responde sobre el uso ilegal que efectuó la semana pasada sobre los datos de los cibernautas para enviar sus bodrios? Para eso sí no eran sicarios, ¿cierto?

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