¿Vale tan poco la vida?

Por: Mauro Saúl Sánchez

Era la madruga del domingo 11 de octubre de 2020 . La cotidianidad del cierre de jornada en su empresa se vio opacada cuando dos hombres armados de odio, rabia e ignorancia  irrumpieron de forma violenta en el local comercial donde funciona La Gran Estación restaurante. Enceguecidos por la inmediatez, la avaricia, el facilismo  y la asquerosa cultura traqueta y criminal que se difunde como pan caliente entre las esferas más deprimidas de la sociedad colombiana, de dos impactos de bala, caía herido mi amigo y luchador Richard Castro Lozano. A los pocos minutos su corazón dejo latir. Perdimos un soñador más en Colombia. Perdimos a un guerrero de firmeza y constancia.

Y es que en Colombia parece que la vida no valiera mucho. Basta revisar la lista de masacres a lo largo y ancho del territorio para concluir, sin espacio para el error, que en Colombia el respeto por la vida no es lo más importante. 69 Masacres, más de 289 personas asesinadas.  Los Homicidios son la constante. La violencia se respira en cada esquina.

La delincuencia se apodera de las calles. En Neiva, Pitalito, La Plata, y en general en el Huila, los índices de inseguridad van cada vez más en ascenso. Se ha vuelto rutinario ver publicaciones en redes, comentarios recurrentes de atracos, forcejeos, raponazos, hurto a residencias,  entre otros. La percepción de inseguridad se ha disparado. Ya nadie se siente tranquilo en las calles. De la mano se alimentan negocios que golpean nuestra economía: el facilismo del narcotráfico.

La solución no parece estar cerca ni es fácil. En la actualidad, atravesamos una profunda crisis social y económica. El desempleo toca techos jamás pensados. La empresa privada ha sido duramente golpeada por la pandemia del Covid 19. Y lo peor, la respuesta de los gobernantes ha sido la histórica mediocridad en la planificación y tomas de decisiones  congruentes con las realidades: necesitamos mayor inversión social.

Mientras el vacío de poder se hace cada vez más evidente, estos espacios los va copando la economía ilegal mediante sus organizaciones delincuenciales que operan bajo la lógica del : «todo o nada». En ese camino no se distingue ni buenos ni malos muertos. El que se atraviesa está en riesgo. Por lo tanto mientras que en Colombia no se adelante una profunda reestructuración moral, política y social, se aleja muchísimo más el sueño de un país próspero, justo y en paz.

Mientras eso sucede la juventud seguirá poniendo los muertos, siendo la carne de cañón de viejos odios donde el interés económico prima sobre la vida. Mientras normalicemos la muerte, la corrupción y la guerra, jamás podremos levantarnos de las cenizas y construir una Colombia mejor.  Por ahora no perdamos la fe! Seguimos caminando con ese objetivo.

En honor a Richard Castro: seguiremos luchando por una Colombia dónde la vida valga más que un par de monedas de a peso.

Buen viaje, mi amigo.

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