VIVIENDO ENTRE MONSTRUOS

Zdzislaw Beksinski

por: CAMILO CALDERÓN

Cuando estaba pequeño, mamá solía contarme historias fantásticas de la Patasola y el Mohán, de cómo la Llorona los asustaba con sus gemidos desgarradores en medio de noches oscuras de fuerte tormenta mientras buscaba a su hijo perdido. Recuerdo como embelesado la escuchaba y viajaba entre fantasías a esos parajes remotos de las ensoñaciones de mi madre y recreaba en mi mente las figuras extraordinarias de los monstruos aquellos. Crecí en una finca en medio de las montañas, una burbuja en el tiempo, un refugio de seguridad, era una casa de las épocas de la bonanza cafetera con más de cien años de antigüedad que se sostenía más por suerte que por fuerza mientras que más de tres perros motivados por el amor por nosotros ofrecido y aún con una dieta digna de los faquires de la India cuidaban del refugio cual león de su manada. Mientras esto así pasaba, los monstruos rondaban, no solo en mi mente, sino en la realidad, pero la burbuja era grande, era fuerte, el seno del hogar y el calor de mi madre eran digna protección. Los monstruos acechaban, entre el monte, entre los cafetales, nos observaban mientras dormíamos, mientras comíamos, mientras tomábamos el baño diario en la humilde alberca que era nuestra piscina. No los veíamos más allí estaban, los perros si los sentían y el corazón se aceleraba entre ladridos y aullidos, el temor acaecía. Los monstruos querían la burbuja, envenenaban nuestra agua con cadáveres en descomposición de pobres perros asesinados, taponaban el suministro o desocupaban la casa que debíamos cuidar ya que de allí provenía el sustento, ahora los monstruos tenían nombre: Jesús Cubides quien había colaborado a matar personas en la época de la violencia de los partidos arrojándolos vivos aún por decenas y en volqueta en los profundos y oscuros abismos de la vereda Mercadillo o en el puente natural de Icononzo. Bernardo y Héctor hermanos estos entre sí, Bernardo un borracho consumado y Héctor un leguleyo asesino que una tarde y por no pagar cien pesos mató de un tiro en el hígado a don Campos, un buen señor que se dedicaba a cuidar un cultivo de manzanas. Los monstruos rondaban. Un monstruo enorme ignoró los clamores de un pueblo que anunciaba la tragedia, unos días después el volcán de Armero borró la vida de más de veinte mil personas y los otros monstruos se repartieron después de la tragedia anunciada el botín de las ayudas humanitarias, mientras otros monstruos se robaban y vendían niños y lo poco que quedaba del otrora magnifico pueblo. Mientras estaba en la escuela cursando primero de primaria los monstruos llegaron a la finca de los Palacios con sus trajes militares en horas de la madrugada y uno a uno al señor y a sus adolescentes hijos e hijas los sacaron al frente de la casa, los arrodillaron y los empezaron a matar con tiros de fusil Galil del calibre 7,62 del que aún no era declarado como digno de usar en guerra por la OTAN, los disparos me despertaron, la finca era cerca, a mi compañero Sergio quien vivía en frente también lo despertó el bullicio, los gritos, los perros y las balas, el pobre tuvo que ver desde la ventana del baño de su casa como se desenvolvía aquella carnicería, los monstruos reían. A su vez, el infame asesino, otro monstruo; Luis Alfredo Garavito secuestró a un compañerito y después de violarlo lo asesinó cerca de unos montes donde masacraron a los Palacios. Luego los monstruos se ensañaron otra vez, carros bomba, aviones derribados, líderes sociales asesinados, los guerrilleros de ese entonces los del M-19 hacían el mismo recorrido que hoy hace las Farc, y vieron impotentes como una vez entregadas las armas los monstruos los asesinaron, no a uno ni dos, sino a más de cinco mil, los monstruos son poderosos. Asesinaron a Luis Carlos Galán, fijo ganador de las elecciones a la presidencia y por lo menos digno en su discurso. Si viviera se aterrorizaría de ver como sus hijos valiéndose de su nombre (también para mi pesar) se convirtieron a su vez en monstruos de esos que me desvelan. Los monstruos del negocio del oro blanco mataban entre sí a su vez las esperanzas y sueños de cientos de miles de personas en el mundo. Los monstruos también se casan y así se casaron las Farc y el narcotráfico. Los monstruos también vienen de cuna noble, con la llegada de Gaviria al poder tras la muerte de Galán (buen trampolín) los monstruos sellaron el destino de Colombia con una frase aciaga, no sé si sarcástica o sin el más mínimo asomo de vergüenza: “bienvenidos al futuro”, dijo Gaviria en su ceremonia de posesión con su voz de adolescente en transición y, así, le abrió las puertas al despojo más grande del que se tenga conocimiento desde la invasión europea a nuestras tierras. Y así uno tras otro. Los monstruos también paren monstruos, el matrimonio de las Farc y los narcotraficantes alentó al monstruo mayor a crear unos grupos dizque de auto defensas ¡vaya MONSTRUO! Los monstruos roban, asesinan, prevarican, conspiran, corrompen, corroen, destruyen, envician, desvían, amedrantan, desplazan, descuartizan, pican, desaparecen, violan y arrasan, apagan la luz de la vida y de la esperanza. Hoy no es diferente, mientras escribo estas líneas hay un monstruo asesino llamado Rafael Uribe Noguera esperando condena (si se la aplican). Los monstruos también tienen corona y algunos como Superman un campo magnético que los hace intocables. Quisiera sentarme en el regazo de mi madre de nuevo y que me contara del Mohán, de la Llorona, de la Patasola, esos monstruos a diferencia de los otros solo podían asustarme en mi mente. ¡Madre cuéntame otra vez como el Mohán los ayudo a pescar con mi abuelito, ese al que otro monstruo despiadado asesinó! Camilo Calderón.

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González Villanueva
Acerca de González Villanueva
estudiante de 11 semestre administración de empresas, idealista, critico y sencillo abierto de mente, reservado y serio. Amo el agua