¿FEMINISMO SELECTIVO?

Los actuales fenómenos mediáticos que se presentan en el acontecer político obligan o indagarse si las justas luchas por la igualdad entre hombre y mujeres, ondeadas bajo las banderas del feminismo, han sido también objeto de manipulación politiquera por parte del adversario político. Está por demás explicar el porqué los temas familiares de índole matrimonial o de las relaciones afectivas deben quedar por fuera de toda impúdica manipulación con la que se pretenda ganar réditos políticos y/o pugnacidades ideológicas. No solo es bajo sino perverso.

Una lucha justa y noble como la que han librado muchas mujeres en todos los puntos cardinales del planeta, que desde luego debe ser motivo de apoyo por parte de los hombres y la sociedad entera, lastimosamente también ha sido utilizada como arma de destrucción de la figura personal de algunos líderes políticos, que independientemente de sus visiones ideológicas, han padecido sus terribles consecuencias. Para no extendernos en múltiples episodios a nivel internacional, es conveniente revisar los que se han presentado acá, en nuestro país.

Uno de los más recientes fue el de Hollman Morris, candidato a la alcaldía de la capital colombiana. Su situación personal saltó a lo público, casualmente en campaña electoral. El propio excandidato contó cómo este tipo de señalamientos resquebrajó la unidad y tranquilidad de su núcleo familiar, siendo los más afectados sus hijos. De todo señalamiento hicieron alarde sus contradictores, y las redes sociales, contribuyeron con lo propio. El buen nombre del periodista y líder popular quedaron destrozados por la campaña orquestada desde esas mentes incapaces de controvertir con argumentos y que por ende, usan la destrucción de la reputación personal como último y vil recurso para concretar sus cometidos. ¿Quiénes, de tantos que acusaron a Morris sin mediar siquiera sentencia judicial, están hoy dispuestos a contribuir en la reparación de su tejido familiar? El daño es irreparable para cada uno de sus miembros. Pero nada importa cuando lo único que importaba era sentarse en el despacho de un puesto de elección popular. La táctica les funcionó. Y como fue efectiva, ahora parece que también se la están aplicando al alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle. De él se han dicho muchas cosas, y todas pueden ser dignas de debate, de contraste, de escrutinio público, para eso son servidores públicos, y eso es parte fundamental de la democracia, pero lo que realmente es inadmisible es que ahora, manipulando y exacerbando la indignación de las luchas por la igualdad, se le pretenda destruir como hicieron con Hollman Morris.

Se puede disentir de Quintero y su praxis política, de sus ideas, de sus acciones, ese es el derecho que tenemos como ciudadanos; pero no se puede cometer la misma injusticia que contra muchos ya se ha hecho: la de lanzar o replicar chismes malintencionados que cargan evidentes intenciones de destruir la armonía de su hogar. Ahora salen en redes sociales denuncias sobre supuestos abusos de Quintero en fiestas; borran las cuentas desde donde salen dichas aseveraciones, y luego, en manada, sin dar un mínimo espacio a la defensa ni a la duda, atacan furiosamente a Quintero. Son notables los patrones de conducta con el caso de Morris. Es, a todas luces, una réplica de la misma arma pero apuntando a un blanco diferente: Quintero.

Lo digo yo, que soy crítico de algunas acciones administrativas del burgomaestre antioqueño. Lo uno no tiene que ver con lo otro. No puede utilizarse el mismo método con el que hundieron el proyecto político de un hombre honesto como Hollman Morris, sin antelación a una decisión judicial. El disenso político es legitimo y válido, pero no lo es el ataque personal con fines destructivos.

La invitación es a no ser bobos útiles de la instrumentalización selectiva del feminismo, que termina por lesionar al propio movimiento.

¡Por la altura y la buena salud del debate!

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Bautista
Acerca de Bautista
Investigador independiente, escritor, samario por adopción.